BIENVENIDOS A "LIBELULARIAS" CON LOS TEXTOS LITERARIOS DE MARTA ALICIA PEREYRA BUFFAZ.

Iniciado el sábado 4 de octubre de 2008 en la ciudad de Morteros, provincia de Córdoba, República Argentina y aquí continúo.

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domingo, 1 de marzo de 2009

201. EL CANOERO Y EL SAUZAL




José, un canoero aventurero, subió a su canoa que crujió de dolor.
En ese momento, el ojo de una tormenta le hizo un guiño al río y las cabelleras de los sauces se pusieron a llorar como la Magdalena.
Las cataratas del maldito ojo se despeñaron sobre la canoa y José quedó calado hasta los huesos.
La creciente llegó, los envolvió con su abrazo líquido y engulló en sus fauces a la cáscara de nuez donde remaba José.
El canoero fue arrastrado a la deriva mientras el ojo del furioso huracán velado por la noche, se durmió entre las estrellas cansado de llevar el caos al sauzal que, estremecido, aturdía con su verde llanto.
José, en un ovillo de hebras fluviales entretejió su salvación con los cabellos sueltos de los sauces y pudo llegar hasta la orilla del río.
Luego, me diría:
-Me quedó sabor a muerte.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 27-02-09


EL CANOERO Y EL SAUZAL
José, canoero y pescador, subió a su canoa que crujió de dolor.
En ese momento, el ojo de una tormenta le hizo un guiño al río y las cabelleras de los sauces se sacudieron histéricas y se pusieron a llorar como la Magdalena.
Las cataratas del maldito ojo se despeñaron sobre la canoa y José quedó calado hasta los huesos.
La creciente llegó, los envolvió con su abrazo líquido y engulló en sus fauces a la cáscara de nuez donde remaba José.
El canoero fue arrastrado a la deriva mientras el ojo del furioso huracán velado por la noche, se durmió entre las estrellas. Se había cansado de llevar el caos al sauzal que, estremecido, y agobiado por su verde llanto se reflejó en su río de lágrimas cuando se asomó el fulgor de una luna indiferente y olvidadiza.
José, en un ovillo de hebras fluviales entretejió su salvación con los cabellos sueltos de los sauces y pudo llegar hasta la orilla del río.
Luego, me diría:
—Me quedó sabor a muerte.

Con modificaciones de 7 años después.
Marta Alicia Pereyra
Morteros, 14-09-16

2 comentarios:

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Marta...

Excelente relato.

Le quedó sabor a muerte, pero gracias a los sauces pudo encontrar la salvación.

"Dios da la llaga y da la medicina"

Un abrazo.

Acuarius dijo...

por los pelos...vaya aventura...no se portó tan mal el ojo huracanado ese...sólo fue un poco jugetón con José :)

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