BIENVENIDOS A "LIBELULARIAS" CON LOS TEXTOS LITERARIOS DE MARTA ALICIA PEREYRA BUFFAZ.

Iniciado el sábado 4 de octubre de 2008 en la ciudad de Morteros, provincia de Córdoba, República Argentina y aquí continúo.

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miércoles, 5 de noviembre de 2008

98. PERSECUCIÓN DE PALABRAS




Gruñen mis sueños,
se apiñan junto al cansancio
en almohadones de ilusión
y cosen un arco iris
con tu sonrisa.

La calavera de la noche
muerde las vocales
y las consonantes se escapan
de mi teclado avaro.

El sol se cuelga en la mañana
y mis dedos aprisionan palabras.
Algunas huyen,
se escurren por las grietas del olvido
y se duermen extraviadas
en algún verso opaco o furibundo.

Me quedo vacía de fantasmas
y retorno a perseguir mi día.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 27-05-05

97. ÁNGEL DISTRAÍDO




Me acuerdo. Fue en mi niñez,
en un día muy frío,
cuando hablamos con mamá,
angelito siempre mío.

Algo se dijo también
de tu mirada y tus alas.
Mis años me dejan ver
tu imagen sobre mi cama.

¡Quién sabe por qué perdí
al angelito rosado!
¿Dónde habrá ido su imagen,
cómo se habrá volado?

¿Quién me habrá regalado
este ángel distraído
de mirada tan celeste
y casi decaído?

Sus dos brazos regordetes
apoya sobre la mesa,
con la mano izquierda
sostiene su cabeza.

Bucles le rodean la cara,
sus ojos miran al cielo.
¿Por qué no me mirabas
cuando pedía consuelo?






Marta Alicia Pereyra
Morteros, 07-07-06

martes, 4 de noviembre de 2008

96. SECRETOS DE MI MESITA DE LUZ






Cuadrúpedo vegetal de patas torneadas,
vientre hueco donde anidan mis sueños,
tu elegancia barroca, colonial y oscura
se apoya en la pared y espera.
Sobre tu lomo de madera,
una muñeca carga tu montura de cristal,
cremas, un reloj y agua mineral.
En tu fachada, tus bocas cerradas
han tragado mi pasado.
Tus cajones, alforjas de tu naturaleza animal,
esconden inconfesables chucherías:
un cenicero, dos lentes oscuros, plantillas y hebillas,
vinchas y ungüentos, termómetros y etiquetas,
ácido bórico, angelitos caídos
y una imagen de María.

Prosigo la enumeración pues abro el otro cajón:
un pequeño Pesebre, una colección de medallas,
fotos, una rosa de papel y añejas tarjetas.
Tu alma de centinela es discreta y olvidadiza
de tu hermana melliza que tuvo tu misma nodriza
y alberga más cachivaches:
un antifaz y un tren de cuerda,
moñitos y papeles de añejos regalos
y un sobre con algún informe médico.
¡Sigan a mi lado, mesitas de luz,
guardianas de mis sueños y desvelos!




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 12-05-06

95. EL POZO SE LLENÓ DE CABELLOS




El esposo ara en la chacra santafesina,
el sol dora el cielo, los árboles,
la tierra y el sombrero campesino.
En la casa,
la joven mujer zurce las medias de los hijos.
Las gallinas picotean el suelo del patio,
las palomas arrullan en las acacias
y las loras parlotean en los eucaliptos.
El hijo mayor corretea por los surcos,
las gaviotas persiguen al arado,
el niño pequeño duerme la siesta en su cuna.
La hija, junto a su madre, juega con su muñeca y
ensaya su maternidad futura.
La madre deja su costura y las tijeras sobre la mesa
y corre a ahuyentar unas moscas.
Los veo desde mi azotea.

Corre la niña a sentarse a la sombra,
apoya su espalda en el brocal del pozo,
ha dejado la muñeca y trajo la tijera;
ahora, quiere ensayar peinados,
corta el trigo de su flequillo
y se asoma al espejo del agua.

La pequeña culpable tira los mechones
en la boca del pozo oscuro.
Por la puerta de la cocina se asoma la madre:
—¿Qué haces, hija? ¡Aléjate del pozo!
—¡Mamá, el pozo se llenó de cabellos!—
tiembla la voz infantil.
Luego, sobrevendría el castigo.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 30-04-06

lunes, 3 de noviembre de 2008

94. EL EXTRAÑO CASO DEL SOMBRERO PUNTIAGUDO









Aquel viernes, a la salida de la clase de teatro, continuábamos entusiasmados con las improvisaciones y, entre saludo y saludo, Lucrecio, un aprendiz de mago, nos invitó a su casa a tomar un café.
Mientras nos dirigíamos a nuestras bicis, eché una ojeada a la tarde que estaba tendida en el cielo. Montamos nuestros vehículos y nos lanzamos en pos del mago que nos guió a su residencia.
Cuando llegamos, me llamó la atención un pozo que bostezaba en el jardín, me pareció recién cavado porque, junto a él, yacía un limonero y una pala abandonada. Entramos en la casa bromeando y riendo y le pedimos al dueño que nos detallara sus actuaciones. Mientras nos narraba sus anécdotas, se iba poniendo un poco nervioso hasta que nos pidió que no le contáramos a nadie lo que nos iba a mostrar. Se fue de la habitación y volvió trayendo una caja con una tapa de doble cerradura y nos dijo:
—Encontré este baúl en mi jardín cuando cavaba un pozo...
—¡Ya sé! Vi el pozo boquiabierto cuando entraba y, junto a él, un limonero y una pala —lo interrumpí siguiendo mi casi habitual mala costumbre.
—¿Lo viste? —preguntó con los ojos muy abiertos y añadió— Mientras cavaba, sentí que la pala golpeaba contra algo duro y resultó ser este baúl de madera reforzada con chapas de hierro. No tuve tiempo de abrirlo porque se me hacía tarde para ir a la clase de teatro. Así que ahora, ustedes me ayudarán a abrirlo para ver qué contiene... si logramos destrabar esta cerradura.
Se acercó Matías, que trabajaba en una cerrajería, pero como no pudo hacer nada, anunció:
—Me voy hasta el taller y traeré herramientas apropiadas.
Luego, oímos cuando arrancaba el motor de su moto y comenté impaciente:
—Yo no aguanto la curiosidad. Me voy a buscar la pala que vi al llegar.
Con golpes de pala, con una palanca y un martillo que trajo el anfitrión, logramos abrir el viejo baúl.
—¡¿Qué hay adentro?! —exclamaron Natalia y Patricia.
Nos agachamos mientras la luz de la lámpara pestañeó por una baja del voltaje del fluido eléctrico y descubrimos algunos elementos que contenía la misteriosa caja.
Natalia sacó un vestido blanco amarillento con una mancha oscura en el delantero; parecía un antiguo vestido de novia. Patricia se acercó y extrajo un par de zapatos rojos con tacones y se entretuvo observándolos. Yo encontré un anticuado sombrero negro de copa puntiaguda que me atrajo porque siento debilidad por ellos.
Lucrecio se fue a preparar el café, mientras nosotras nos imaginábamos personajes para esos atuendos que nos probamos frente a un vetusto espejo biselado. ¡Es tan placentero lucir prendas y desfilar con amigas delante de un espejo! Natalia envolvió su cuerpo con el traje de novia y fue entonces cuando emitió un terrible grito, un largo lamento, y la vi caer al piso. Mientras tanto, Patricia se había calzado los zapatos rojos y se lanzó a correr con ellos por toda la habitación. Al mismo tiempo, yo me colocaba el antiguo sombrero sobre mi cabeza y comencé a apreciar que mi cuerpo ardía de calor, bajé mi ojos y me contemplé en lo alto de una hoguera de leña en las que danzaban unas llamaradas de fuego rojas y amarillas. Yo estaba, para mi desventura, atada a un poste. Miré hacia ambos lados y vi una multitud enardecida de furia que gritaba amenazante con los puños levantados:
—¡Muere, bruja maldita!
—¡Ve a hacerle compañía al demonio!
Divisé en primera fila a una mujer que lloraba, se tiraba de los cabellos y gritaba:
—¡Por tus hechizos, mi hija se suicidó el día de su boda! ¡Su prometido se fue con ese gitana de zapatos rojos que le envenenó el corazón!
—¡Paga tus culpas! ¡Muere en la hoguera, bruja malvada!
Comencé a entender lo que me sucedía mientras las llamas me cercaban y fue tal mi desesperación que grité y grité pidiendo auxilio. Hice tanta fuerza para desatarme y librarme del ardor de las llamas y del humo que me asfixiaba, que se me salió el sombrero que voló por los aires y comencé a caer de esa terrible pira donde me querían quemar viva.
En ese mismo instante, mientras iba cayendo, la fogata desapareció y me hallé, nuevamente, en la sala de Lucrecio, pero yacía tirada en el piso. Me sentía desorientada y sofocada cuando apareció Matías, quien había vuelto de la cerrajería donde trabajaba, con una ganzúa para abrir el funesto baúl. Nos preguntó estupefacto, qué había sido del contenido de una botella de ginebra, que aparecía entre los objetos variados y desordenados que estaban sobre la mesa, ya que le quedaba sólo un pequeño resto de bebida; nos ayudó a incorporarnos del piso y nos acusó de estar alcoholizadas.
Simultáneamente, Lucrecio llegaba desde la cocina con el café y se quedó boquiabierto al observar el desorden reinante.
Natalia continuaba angustiada y murmuraba incoherencias acerca de una boda, una gitana y su suicidio. Patricia susurraba atemorizada que estaba huyendo de unos extraños individuos que la perseguían con palos y horquillas; cada dos minutos, todavía se sigue dando vuelta para comprobar si vienen detrás de ella. Yo sigo amedrentada y siento pavor por la muerte que me incrustó sus garras.
Dirigí mis ojos a la ventana de la sala y contemplé la cara de la Luna asomándose entre los brazos de los árboles y parpadeando a la noche mientras pensaba: “No volveré a las clases de teatro”
Para colmo, nadie me cree, ni siquiera cuando les muestro una ampolla por una quemadura de segundo grado que me quedó en mi tobillo derecho.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 17-04-06

domingo, 2 de noviembre de 2008

93. ENSALADA DE PERSONAJES: BLANCANIEVES Y CAPERUCITA EN EL BOSQUE








I

PRESENTADOR.— (Se oyen cantos y silbidos de pájaros.) Blancanieves iba por el bosque muy concentrada en el canto de los pajaritos observando la naturaleza. Por otro camino, venía Caperucita mirando las plantas y juntando flores. Nuestras dos niñas distraídas se tropezaron en un camino.
BLANCANIEVES.— ¡Ay! Perdón... ¡Me parece que te conozco de algún lado!
CAPERUCITA.— ¡Blancanieve! ¿Qué hacés metida en mi bosque?
BLANCANIEVES.— ¡Caperucita! ¿Qué hacés acá, en mi cuento?
CAPERUCITA.— ¡Nuestras vidas se convirtieron en una verdadera ensalada! Acá estoy, como siempre, juntando flores para llevarle a mi abuelita que vive cerca de este lugar.
BLANCANIEVES.— Yo venía escuchando el canto de los pajaritos y tomando un poco de aire fresco. ¡Estoy cansada de estar encerrada!
CAPERUCITA.— Yo voy a ver a mi abuelita porque no anda bien de salud. ¡Siempre tengo que pasar por este bosque tan peligroso!
BLANCANIEVES.— Sí, este bosque es terrorífico. ¡A mí ya me está asustando! Vení, vamos juntas para que se nos pase el miedo. (Se van charlando.)



II


PRESENTADOR.— Entretanto, había otros personajes muy, pero muy malignos en el bosque. ¿No adivinan quiénes eran? ¡Me da miedo con sólo imaginarlos!
BRUJA.— (Se escuchan aullidos del Lobo.) ¡Tengo que eliminar de la faz de la Tierra a esa mocosa de Blancanieve! (Aúlla el Lobo.) ¿Y esos dulces aullidos? ¡Les apuesto $20 a que ése que aúlla es mi amigo, el Lobo Feroz! (Sigue aullando.) ¡Oh! ¡Este Lobo es tan tímido que tarda mucho en aparecer!
(Aparece el Lobo) Lobo, ¿te confundiste de cuento o perdiste la memoria?... Mmm… ¡Me parece que andás perdido!
LOBO.— (Intenta atacar a la Bruja.) ¡Grrrrrrrrrr!
BRUJA.— (Le lanza un hechizo al Lobo) ¡Sapos, culebras y ranas! ¡Obedecéme o te convierto en una manzana!
LOBO.— (Se amansa y aúlla suavecito.) Auuuuuu…
BRUJA.— ¡Vení a esconderte conmigo, lobito querido! ¡Dale, vení para acá! ¡Vamos a preparar un plan para deshacernos de esas dos: Blancanieve y Caperucita! (Se van.)

III

PRESENTADOR.— Mientras tanto, nuestras queridas niñas están contándose sus cosas mientras van hacia la casa de la famosa abuelita.
BLANCANIEVES.— Caperucita, ¿cuál es tu color preferido?
CAPERUCITA.— ¿No lo adivinás?... ¡Mi color preferido es el…!
BLANCANIEVES.— ¡El rojo!... ¡Qué tonta, recién me doy cuenta!
CAPERUCITA.— ¡Se ve que no sos muy observadora! ¿No ves el color de toda mi ropa?
BLANCANIEVES.— ¡Ay! Caperucita, tengo que confesarte mis problemas…
CAPERUCITA.— ¿Qué te pasa, Blancanieve? ¡Todos tenemos problemas!
BLANCANIEVES.— Te cuento: mi madrastra me mandó con un leñador para que me asesinara en el bosque. Él se compadeció de mí y me dejó libre, pero quedé abandonada y solita. Yo quise refugiarme y lo único que encontré fue una casita chiquitita con unos enanitos y allí estoy viviendo.
CAPERUCITA.— ¡¿Enanitos?!
BLANCANIEVES.— ¡Sí! ¡Siempre estoy hambrienta! ¡No te imaginás lo que es comer en unos platitos chiquitos con cubiertos chiquitos…! ¡Toda la casa y los muebles están hechos de acuerdo al tamaño de los enanitos! Me siento encerrada, me falta el aire. ¡Mi vida es muy incómoda!
CAPERUCITA.— ¡No te quejes tanto, Blancanieve! ¿Vos creés que para mí todo es fácil?
BLANCANIEVES.— ¡Vos te la pasás yendo a la casa de tu abuelita! ¡Yo quisiera tener una abuelita! ¡Te envidio, Caperucita! ¡Mi madrastra me odia!
CAPERUCITA.— ¡Ya estoy cansada de llevarle la comida a mi abuelita todos los días! Para colmo, tengo que ir caminando y queda lejos de mi casa. Por eso cruzo por el bosque, para acortar camino; pero, a veces, tengo miedo y me distraigo cortando flores. ¡Mi mamá no se da cuenta de que soy chica para ir sola tan lejos!
BLANCANIEVES.— (Aúlla el lobo.) Caperucita, ¿Oíste eso?... ¿También te trajiste al lobo a mi bosque?
CAPERUCITA.— ¡No sé! ¿Me habrá seguido? (Las niñas se van charlando.)


IV

PRESENTADOR.— Hoy, este bosque está bastante concurrido porque ya se acercan los malvados tramando algo que, seguramente, no será nada bueno.
BRUJA.— (Aparte, al público) ¡Ya tengo el plan perfecto para eliminar a esas dos! Vos, Lobo, te venís conmigo y te hacés el perro. (El Lobo aúlla suavemente.). ¡Allá vienen esas mosquitas muertas. (Llegan Blancanieve y Caperucita.)
(A las niñas.) ¡Qué niñas tan lindas! ¿Qué hacen por aquí? ¿Cómo se llaman?
BLANCANIEVES.— Blancanieve. ¿Usted es una vendedora ambulante?
CAPERUCITA.— Yo soy Caperucita. ¿Tiene algo para vendernos? ¡Estamos con hambre! ¡Qué perro tan feo que tiene, señora! (El Lobo se hace el perro cariñoso)
BRUJA.— Sí, es un pobre perrito callejero que me siguió. ¡Vendo manzanas deliciosas, pero a unas chicas tan simpáticas como ustedes, se las regalo!
BLANCANIEVES Y CAPERUCITA.— ¡Gracias! ¡Qué rica manzana! (Caen las dos desmayadas al suelo, después de morder la manzana.)


V

ENANITOS.— (Entran los enanitos cantado) ¡Jugando a la ronda del esqueleto, el que se mueve es un hueso! (Entra el Leñador.) ¿Quién es usted?
LEÑADOR.— Yo soy el leñador, amigo de Caperucita. ¿Y ustedes quiénes son?
ENANITOS.— Nosotros somos los enanitos, protectores de Blancanieve. ¿Vamos a ver el bosque?
LEÑADOR.— Sí, quiero ver los árboles porque ando buscando un roble para hachar.
(Caminan y se encuentran con Blancanieve tirada en el suelo.)


VI

ENANITOS.— ¡¡Oh!! ¡Blancanieve, Blancanieve! ¿Qué te pasó? ¡Estás desmayada! ¿Estás muerta?...¡¡Miren, una araña!! (Blancanieve se despierta y se levanta asustada.)
BLANCANIEVES.— ¡Ayyy! ¡Yo le tengo miedo a las arañas!
ENANITOS.— ¡Ya pasó! ¿Qué te pasó, Blancanieve? ¿Comiste algo que te hizo mal? LEÑADOR.— (Descubre a Caperucita) ¡¡Caperucita!! ¿Qué tenés? ¿Qué hacías por aquí? (Vienen los enanitos y Blancanieve)
ENANITOS.— ¡Qué niña tan extraña! (Señalan con el dedo)
LEÑADOR.— ¡¡Miren!!… ¡Una víbora! (Caperucita se levanta asustada)
CAPERUCITA.— ¡¿Qué pasa? ¡¿Qué víbora?! ¡Ay, qué miedo!
ENANITOS Y LEÑADOR.— ¿Qué les pasó? ¿Por qué estaban como muertas?
BLANCANIEVES.— Una ancianita nos regaló unas manzanas y las empezamos a comer… Después no sé qué pasó.
CAPERUCITA.— ¡Claro, la anciana era la Bruja de tu cuento, Blancanieves, y ese perro tan feo debe haber sido el Lobo Feroz, que me siguió!
BLANCANIEVES.— ¡La Bruja malvada nos dio unas manzanas envenenadas! ¡Me salvaron mis héroes, los enanitos!
CAPERUCITA.— ¡A mí me volvió a salvar el Leñador! ¿Vamos hacia la casa de mi abuelita a comer rosquitas?
TODOS.— ¡Vamos!
ENANITOS.— ¡¡Luego, se vienen a nuestra casita a tomar una rica sopita!!
TODOS.— ¡Sí! ¡Qué bueno!


VII

BRUJA.— ¡Por tu culpa, Lobo, me falló de nuevo el hechizo! Pero no me doy por vencida. ¡Estoy segura de que en otro cuento donde me pueda meter, le voy a dar la gran lección a esa mocosita! Vos, Lobo, me vas a ayudar. (El Lobo aúlla suavecito.) Ahora, andáte a tu cuento que yo me voy al mío.



Epílogo:

PRESENTADOR.— Nos invitó la bibliotecaria
a los chicos y a la profe del Taller Literario.
Así terminamos esta ensalada
y las historias quedaron mezcladas.



06 y 07-10-05: Creación y dramatización colectiva del Taller Literario de Niños, transcripta, corregida y redactada por la Coordinadora Marta Alicia Pereyra. Fue ensayada y, luego, representada el 14-10-05 en el I.P.E.M. Nº 286, el 21-11-05 en el 1º Encuentro de Intercambio de Experiencias Literararias con todas las Instituciones Educativas realizado en la sede de la Biblioteca “Cultura y Progreso” y el 02-12-05 en el Centro Educativo Alberto In’Aebnit.


Morteros, 12-10-05

92. PORTERAS DE LA ESCUELA





Junto a la entrada, alertas,
dispuestas a ayudar,
las herederas de San Pedro
reparten las llaves,
abren las puertas,
vigilan pasillos,
tocan el timbre
reparten las tizas
y los registros,
hacen mandados
y llevan mensajes.

Conducen escobas,
lampazos, secadores,
plumeros y plumeritos.
Empuñan trapitos y gamuzas.
Disparan aerosoles
con líquidos mágicos.
Sacan las manchas,
acomodan, ordenan y enceran,
baldean patios y veredas,
desinfectan y dan brillo a los pisos.

Con vigor derrotan
a toda la suciedad.
Las manchas huyen
y las telarañas desaparecen.

¡¡Ay!! ¡¡Cuidado!!
A veces, se enojan
si el piso les ensucian
y se empaña el espejo de baldosas
o los vidrios les marcan.

¡¡Muy serviciales,
nos apoyan en todo momento!!



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 11-11-04

91. COCINERAS DE LA ESCUELA




Mujeres hacendosas,
hadas sin varitas,
preparan, amorosas, ricos manjares.

Lavan, remojan,
escurren y disuelven,
pelan, descascaran,
cortan y pican,
muelen, rebanan,
pisan y mezclan,
baten, remueven,
licuan y procesan,
desmenuzan, trituran,
amasan y untan,
espolvorean, condimentan
arrollan y cubren.

¡Ya está!
Los ingredientes preparados
vierten en la olla,
la fuente o la sartén.

Ellas, diligentes,
prueban, huelen,
cocinan y hornean,
fríen, rehogan,
hierven y espuman,
cuelan, desgrasan,
saltean y doran
asan, trozan,
desmoldan y sirven.

¡Listo el plato para saborear!
A los chicos y a los grandes
se nos hace agua la boca.
¡¡Mmmm! ¡A relamerse
como un gatito glotón!




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 11-11-04

90. LA MOMIA DE TUTANKAMÓN




¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡La momia!
¡La momia de Tutankamón!
Viene a tomarme las tablas.
¡Las tablas de multiplicar!
¡Sujeto y predicado,
sustantivo, verbo y artículo!
Mi cerebro se cerró.
¡Tengo miedo! ¡Yo no sé!

Quiere que sume y reste,
multiplique y divida;
le recite a Darío;
explique dónde está la cabeza,
el hígado, el corazón y los pies.
¡Mi cerebro colapsó!
¡Tengo miedo! ¡Yo no sé!

Egipcios, griegos y homínidos,
arqueólogos y antropólogos
danzan con aborígenes.
¡Pobre mi cabecita!
¡Ya no piensa! ¡Yo no sé!

César Augusto me corona,
laureles aprietan mis sienes
y yo no puedo despertar.
¿Todo fue un mal sueño?
¡Creo que nunca lo sabré!

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!¡La momia!
¡La momia de Tutankamón!
¿Se fue…?
¡Oh! ¡Ya desapareció!





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 05-03-06

89. MI CIELO




Ejecuto el ritual semanal:
entro, saludo, busco un canasto.
Con prisa leo mi lista
y comienzo el itinerario
por el laberinto comercial.
Charlo con algún conocido,
entrego mis sonrisas aquí y allá
con un "¡Hola! ¿Qué tal?".
Recorro los pasillos
del supermercado barrial.
Reviso entre las góndolas
multitudes de productos.
Llego a la heladera,
busco en los estantes
y encuentro la dupla amorosa:
postrecitos de dulce de leche.
Tomo varios que van al canasto.
Agrego otros comestibles:
yerba mate, queso, fiambre, yogur,
verduras, frutas, leche y galletas.
Paso por la caja,
pago bajo protestas por los precios.
Vuelvo a casa.
El cargamento de mi bicicleta
lo descargo en la cocina y guardo todo.
Alineo los postrecitos en mi heladera.
Allí quedarán esperando
a que llegues hambriento,
como un niño goloso y
los saborees junto a tu esposa.
Así conozco el cielo, hijo:
cuando estás feliz
y te noto confiado.




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 25-01-06

88. EL VAMPIRO RAMIRO




Conozco un feo vampiro
al que llaman Ramiro.

En la casa de su hermana
juega y gana a la payana.

Guarda cuarenta monedas
y las pierde en las veredas.

Con los ojitos partidos
se va quedando dormido.

Duerme en la alcancía
si le duele la encía.

Cuando sueña Ramiro,
se le escapa un suspiro.

Ve chupetines de sangre
y diez tajadas de fiambre.

Le brillan los colmillos
y se ilumina el altillo.

¡Qué vampiro tan hambriento!
¡También está sediento!

Creo que se ha resignado
con un tomate colorado.

Ensalada de remolacha
ya le trajo la vizcacha.

Una roja granadina
se bebió con aspirina.

Ahora es vegetariano
este vampiro riojano.


Si de algo más me entero,
se los contaré en febrero.
¡Eso espero!





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 08-01-06

sábado, 1 de noviembre de 2008

87. SUTURAS




—Qué suturas, cirujano?
—Suturo heridas del desamor,
tajos del deshonor,
jirones de la piel de la Tierra,
heridas del corazón
y espíritus lastimados.
—Cerrarán esas suturas?
—Alguna vez serán símbolos
y cicatrices del amor.






Marta Alicia Pereyra
Morteros, 02-12-05



viernes, 31 de octubre de 2008

86. CON EL SOL EN LA BOCA




"Poder abrirme el sol en la boca, atarme el viento en los labios y deshilvanarme la cabeza, desagitándome el frío y el cansancio."




Poder y abrirme...
Ya tengo el sol en la boca.
Ato el viento
con las cadenas de tus labios.
Me deshilvano
los pliegues del cerebro,
olvido mi cabeza
en tu memoria
y el frío se desagita
y diluye en el cansancio.







Marta Alicia Pereyra

Morteros, 02-12-05

85. PAN




Caricia de espigas,
travesía de recuerdos y aromas,
alegre viaje de rumores,
búsqueda de mundos sensuales,
ritual de los sabores y del hambre,
cielo, silencio y país de mis sentidos,
alquimia de harina, agua y levadura.

Quiero masticar tu piel
y tu carnadura de trigales rubios.


Marta Alicia Pereyra
Morteros, 01-12-05

84. TUS 15 AÑOS




Niña de octubre,
una primavera de armonías
en tus ojos mece cielos
y grillos de jazmines te cantan.

Plumajes de caricias acunaron tu niñez
y, hoy, tu adolescencia es un rumor de amigos.
Tu biografía es memoria joven
y tu futuro, un viaje.
Recorrerás muchos caminos
en la alfombra mágica de tus sueños.
Podrás volar distancias
hasta donde nace el arco iris
y allí, en una constelación
de mil estrellas de agua,
encontrarás la puerta de tu universo.
Permanece en él,
así entenderás el misterio de tu vida.
Tu travesía dará multitud de frutos
y cosecharás racimos de milagros.







Marta Alicia Pereyra
Morteros, 12-10-05

83. YA LLEGÓ EL DÍA


Inspirado en el cuadro ""La toilette"" del pintor francés
Henri Toulouse-Lautrec (1864-1900)






Esa luz azul de la mañana
se escarcha en tu espalda de seda.
Anoche tu cabello navegó brumas
con una brújula de tabaco y alcohol;
se entretejen sus hebras, ahora, en tu rodete.

Tus enaguas volaron escenarios
y en tus medias negras anidaron miradas,
sin descansar, siguieron el ritmo del can can.

Ya en tu habitación,
las sombras se deshilacharon
y lavas los racimos nocturnos,
apagas ecos de caricias
y besos desmantelados
se escurrirán en la tina.

Las manos que buscaron
el país de tu misterio
son una máscara de recuerdos en fuga.

Ya llegó el día
y te irás al remolino de sueños.




Marta Alicia Pereya
Morteros, 21-11-05



82. POEMA CON PALABRAS ESDRÚJULAS: **ANGÉLICA Y SÓCRATES**


Fernando Botero, pintor, dibujante y escultor colombiano, nacido el 19 de abril de 1932.




Poema con palabras esdrújulas:


La lánguida Angélica
come espárragos y rábanos.
Sócrates está en el vértice
de un cuadrilátero célebre.
Ella, cándida, abre la válvula
y él estudia gramática.
Se inunda el ángulo
de un párrafo de su página:
la catástrofe díscola
espanta los pájaros.
Los persigue el águila
y el espíritu del sábado
se va con los glóbulos
a la dársena mórbida.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 17-11-06

jueves, 30 de octubre de 2008

81. POEMA CON PALABRAS ESDRÚJULAS: CÁNTICO


Imagen: Fernando Botero Angulo es un pintor, escultor y dibujante colombiano nacido el 19 de abril de 1932 en Medellín (Antioquia). Considerado el artista vivo originario de Latinoamérica más cotizado actualmente en el mundo. Icono universal del arte, su extensa obra es reconocida por niños y adultos de todas partes por igual.






Un cántico lánguido
recorre mis glóbulos.
Se resbala por mi tráquea,
cae en mi estómago,
el hígado ríe
y a la vesícula se le escapa una lágrima.
El técnico tiene una hipótesis:
Es el décimo caso nítido
en que ese bárbaro
irá al patíbulo.
¿Será un caso quirúrgico?




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 14-11-05

80. TODOS VIVEN ALLÍ

Poema con una sinestesia en cada estrofa.



Sobre el cielo en penumbra
rueda la Luna de azúcar celeste.

El lago se duerme en invierno
y se cubre con una sábana
de escarcha y silencio.

Entre el ramaje de la costa,
se esconde el gnomo del viento
perfumado de secretos murmullos.
Todos los fantasmas de tu recuerdo
viven allí, entre mis miedos.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 13-11-05

79. LUNA FLORIDA

"Remontando la luna" de Pilar Sala



Luna florida,
¿estás afligida?
Un cuerno te ató
un niño con tos.

Luna lunera,
espejas la primavera:
prados con flores
de suaves colores,
arbolitos muy verdes
en tu cielo pierdes,
rosas, lavandas
y jazmines por tandas.

Tienes una enredadera
que curiosea tu cadera.

¡Yo te miro
y suspiro!





Marta Alicia Pereyra

Morteros, 30-09-05

miércoles, 29 de octubre de 2008

78. SAGRADO CAMINO DEL JARDÍN




¿En tus entrañas vive el mundo?
Un camino me lleva a tu cielo de oro.
Los agapantos azules abanican fantasías
y el rumor púrpura exhibe un espectro
entre las violetas de tus deseos.

Te crees un santuario,
pero sólo eres un disfraz sagrado
que ondea llamaradas de magia.

Tus manos son la raíz de la confusión,
maniquí de escenografía
del ángel distraído,
que pintó el Sagrado Camino del Jardín.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 18-09-05

77. VELOS Y LIBROS SAGRADOS

Conviviendo en paz - de Nuria Escobedo



El sol paloma se posa en los árboles,
las sombras follaje se tienden en el suelo.
Las piedras y el sendero enamoran al estanque
y un pato mide el laberinto del día.

Ella camina con su hijo,
un velo esconde su rostro misterio,
sus manos sontienen su libro sagrado
y espera que se cumplan sus sueños.

Ellos, los estudiantes,
son testigos del ahora,
en aquel banco del estanque,
y hallan, en sus libros,el significado
del color que, tal vez, bajó del cielo.

Nosotros imaginamos las diferencias.
Algunos dividen y clasifican.
Nadie acepta lo que es distinto.

¡Después discutimos y lloramos!
¡En algún momento, nos arrepentimos!
A veces, ya es tarde.


Marta Alicia Pereyra
Morteros, 08-09-05

76. ¿BORRACHOS, LOS MUCHACHOS?... EL TRIUNFO DE BACO


El triunfo de Baco” es una pintura del español Velázquez, conservada en el Museo del Prado. Es conocida popularmente como “Los borrachos”. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 6 de junio de 1599 – Madrid, 6 de agosto de 1660) fue uno de los mayores exponentes de la pintura española, tanto en su período barroco, como a lo largo de toda su historia.




Sonrisas a la hora del brindis.
Elevan la copa con el cristal del vino
y el vaso con el jugo tinto.
¡Un instante de candor y alegría!

Él, con sus labios sensuales,
corona con pámpanos las sienes
del bebedor de las lágrimas de la uva.

Ojos oscuros, inocentes, cautivos;
mejillas trabajadas por la vida
se multiplican en el rojo tinto.
Piel de pan y risas con olor a tierra y vid.

Labios sedientos de la sangre de Baco
piden el rumor del duende líquido
y el corazón se les escapa por la memoria.

Hacen una fiesta de racimos
cuando una ronda de abrazos los une.
Se pierden en el ombligo del vientre vasija
y escapan por el éxtasis del alcohol.

Luego, el llanto amigo puede ser el olvido.
El fin será la comunión del sueño.


Marta Alicia Pereyra Buffaz
Morteros, 04-09-05

75. PARTIDA DE CAZA

Caza de la codorniz o Partida de caza (1775).
Óleo sobre lienzo. 290 x 226 cm.
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Museo del Prado (Madrid, España).



Los rayos del sol se astillan en un nuevo día.
Ellos, los cazadores, le toman el pulso al viento;
huelen al instinto ancestral.
El pointer olfatea el rastro de la perdiz,
los galgos siguen el compás de la liebre.

Los jinetes, predadores vitalicios,
asedian al monte inocente.
No se salva ni el ave del cielo
que comenzó a ganarse el día.

Sienten la fuerza del arma en el brazo
y están dichosos de competir por un trofeo.
Algunos caminan buscando la presa.
¡Qué presuntuosos se alejan del hastío de sus días!
¡Son insensibles a sus presas!

Cuando la tarde vuelva oscuro el día,
ellos traerán sus aves, sus liebres y conejos,
animalitos muertos,
que se fueron a emplumar la muerte.

La cacería crecerá en anécdotas.
¡Los gemidos de la vida buscaran el exilio en otro día!


Marta Alicia Pereyra
Morteros, 28-08-05

74. SUS PESTAÑAS ACARICIAN PASADOS

" La persistencia de la memoria" o "Los relojes blandos"

Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, Marqués de Pubol
(Figueras, 11 de mayo de 1904 — ibídem, 23 de enero de 1989),
más conocido como Salvador Dalí, fue
un pintor, escultor, diseñador, escritor y cineasta español.



En una playa de mi sueño
los instantes, segundos,
minutos y horas se doblan
y cuelgan de la rama de la vida.
¿Son de material plástico?

Ella duerme y su párpado se pliega,
sus pestañas acarician pretéritos,
su nariz huele presentes,
su lengua lame futuros,
busca una esperanza.

Las horas se derriten
en la aridez del tiempo
y el mar se coagula en un huevo.
Está cerca la distancia silencio.
¿Ella está viva?
Está en las volutas de la memoria.

¿Algo persiste?
Sólo el pasado no es suyo.
Su presente es la biografía de la ausencia
y en una ranura se cuela el mañana.

Oye el tic tac.
Es la costumbre de medir el tiempo.


En una playa de mi sueño
los instantes, segundos,
minutos y horas se doblan
y cuelgan de la rama de la vida.
¿Son de material plástico?

Ella duerme y su párpado se pliega,
sus pestañas acarician pretéritos,
su nariz huele presentes,
su lengua lame futuros,
busca una esperanza.

Las horas se derriten
en la aridez del tiempo
y el mar se coagula en un huevo.
Está cerca la distancia silencio.
¿Ella está viva?
Está en las volutas de la memoria.

¿Algo persiste?
Sólo el pasado no es suyo.
Su presente es la biografía de la ausencia
y en una ranura se cuela el mañana.

Oye el tic tac.
Es la costumbre de medir el tiempo.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 17-09-2003

73. GRITO RAÍZ



Vértigo de huellas sobre las huellas.
Él es cualquiera,
en algún barandal del vacío
o del ritual de la noche.

Siente un hueco en su neurosis.
Le quedan las alucinaciones.
¿Grita en sus pesadillas?
¿Busca racimos de silencios?

Solo en el destierro del amor,
solo en la indignación del gemido
se desahoga.
Se arremolina en su grito raíz
y se desahoga.

Nunca oyeron el clamor.
Todos están indiferentes.
Él se muere otra vez
y renace espectro nostalgia.

Sólo volverá el milagro.
Sólo cuando invente la paz.





“El Grito” (1893) de Edward Munch (1863-1944)
Óleo; Munch-museet. Oslo. Noruega. Edvard Munch (1863-1944) Este pintor y grabador noruego plasmó en su pintura todo el conflicto interior y la angustia de su grave enfermedad mental. Influido por Gauguin se le considera, junto a Van Gogh, como los precursores del expresionismo alemán. Su exposición individual en Berlín en 1892 se considera el inicio del movimiento Sezession. El Grito es uno de sus cuadros más conocidos y figura en cualquier tratado donde se trata del arte producido por los enfermos mentales.

Marta Alicia Pereyra
Morteros, 10-08-05

lunes, 27 de octubre de 2008

72. MAR ESCARABAJO


Llamaradas aceitunas a la hora de las espigas.
Ella está en silencio.
En una puerta deseaba distancias
y un temblor de máscaras.

Ejecuta un rito de lejanías.
Aún le queda aquel grillo.
¿Para qué? Ella se la pasa esperando
y gana rachas de versos.

A veces, recibe olas de poemas,
a veces, racimos de cuentos.
Se metaliza su voz
y se esconde en su memoria palabras.
Se siente bien.

Todos estamos aquí, con ella;
sus ojos recorren rumores;
sus manos, brújulas de teclas.
Se baña en un mar escarabajo.

Cuando llega,
sólo encuentra la amarillez del trigo.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 28-07-05

domingo, 26 de octubre de 2008

71. PESCADOR




Rayos de luna a la hora de la luna.
Él estaba en su barca
en cualquier mar frente a su destino
o al llamado del viento.

Siente un canto de sirenas.
Por lo menos le queda un poco de ilusión.
¿Para qué echa las redes?
¿Para qué moja su mirada en las olas?

Sólo cuando navega,
sólo cuando levanta sus frutos de plata
le hace bien descubrir su pesca
y meterse en su cielo gaviota.

Alguien vio su rostro:
una nariz tallada en piedra,
una sonrisa orillando recuerdos,
unos ojos teñidos de cielo escarchado.

Nadie es tan feliz.
Ahora tiene un corazón de coral,
se escapa por todos los puertos
y acaricia un poco la espuma de mar.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 25-07-05

70. Recreación de "El grito" de Edward Munch




EL GRITO





Remolino de histerias;
extravagancias bizarras,
laberintos de fluidos corrosivos,
huellas alucinadas,
travesías de vértigos insólitos,
racimos de horror,
mar de pesadillas estridentes,
barandal infame del infierno,
brújula de la neurosis,
río de los desatinos.

Calla los plumajes del odio,
abandona los espectros grotescos,
cierra tus ojos al horror y renace.

Lleguemos hasta los testigos de la ausencia,
al misterio de los milagros,
a las nostalgias de los indiferentes,
a los duendes de los destierros,
a la alquimia del verso para inventar la paz.









Nota: El grito, de Edward Munch


Oímos "El grito" no con los oídos sino con lo ojos y con el alma.
¿Y qué es lo que oímos? El silencio eterno. "El grito" es el reverso de la música de las esferas. "El grito" de Munch, palabra sin palabra, es el silencio del hombre errante en las ciudades sin alma y frente a un cielo deshabitado. (Octavio Paz, México, 1988)



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 14-07-05

69. PRÓLOGO PARA UNA NOCHE DE GARUFA




En un pedazo de la noche,
la luz tenue de un farol
lagrimea en la vereda
y en un patio, suspira un jazmín.

En esta escenografía de suburbio,
aparece un taita bien empilchao,
el funyi ladeao
y un lengue blanco al cuello.
Detiene su andar canyengue,
se apoya en el farol,
fuma un pucho
y piensa anillos de humo.

Al rato, cae su papusa:
melenita y ojos de azabache,
ñata respingona,
una sonrisa roja,
pollerita corta,
piernas dibujadas por medias negras
y en los pies, tacos altos.

Desde la ventana de un cotorro
se desmigajan las notas,
es un tango arrabalero y malevo.

Compadrito y pebeta
enroscan y desenroscan
corridas, cortes y quebradas,
dibujan firuletes
y multiplican 2 x 4.
¡Lindo prólogo para una noche de garufa!



=>VOCABULARIO LUNFARDO
TAITA. Hombre valiente y audaz.
LENGUE. Pañuelo grande que el orillero llevaba al cuello.
PAPUSA. Mujer hermosa.
FUNYI. Sombrero.
COTORRO. Como "bulín", habitación en que se vive solo o en pareja.
PUCHO. Cigarrillo.
ÑATO-TA. Romo, de nariz pequeña.
POLLERA. Falda.
COMPADRITO. Hombre joven del suburbio que imitó las actitudes de los compadres.
FIRULETE. En el baile, pasos complicados que dan los bailarines para demostrar destreza.
PEBETA. Muchacha.
GARUFA. Diversión, juerga.




Marta Alicia Pereyra
Morteros
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