BIENVENIDOS A "LIBELULARIAS" CON LOS TEXTOS LITERARIOS DE MARTA ALICIA PEREYRA BUFFAZ.

Iniciado el sábado 4 de octubre de 2008 en la ciudad de Morteros, provincia de Córdoba, República Argentina y aquí continúo.

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martes, 4 de diciembre de 2018

271. MIS CUMPLEAÑOS INOLVIDABLES



Mi memoria guarda recuerdos de mis fiestas de cumpleaños de los años ’50 en mis sentidos: 

El aroma exquisito de la torta de cumpleaños, que hacía mi mamá con una gruesa cobertura de oscuro chocolate y un interior coloreado por las yemas de los huevos caseros, se paseaba por nuestra casa de la ciudad de Córdoba desde el día anterior. 


El vaho del chocolate calentito que emergía de las tacitas de porcelana heredadas de mi abuela paterna se quedó para siempre en mi sentido del olfato. Los sabores dulces acariciaban mi boca y allí jugaban con el sentimiento amoroso por esa madre protectora. 

El mantel blanco con flores de variados colores era mi preferido para mi cumpleaños —ella lo había bordado para su ajuar— y lo tendía sobre la mesa de roble del comedor. Sobre el mantel colocaba las frágiles tacitas que todavía atesoro como reliquias y en ellas desplazo mis dedos, como entonces, sobre su celeste grisáceo y un ocre casi dorado sobre el que se dibujan tres flores: una es rosada; la otra, anaranjada y la que está más atrás, azul; todas tiene el centro amarillo y las rodean algunas hojas verdes y unos círculos blancos. 

Mis oídos guardan el sonido del soplido sobre las velitas y las historias de cada uno de los objetos que integraban el ritual de la celebración, ya que mi mamá los relataba con todos sus pormenores. No recuerdo mucha algarabía. A veces, nos visitaban mi padrino y mi madrina con sus cónyuges. 

Eran épocas de una economía familiar cuyo ingreso principal era el sueldo de empleado de Salud Pública de la Nación de mi papá y éramos tres hermanos, así que mi mamá era la que hacía según su dicho “de tripas, corazones” con ese sueldo que era “una gota que no calmaba la sed”. Creo que éramos una familia a la que le faltaba la alegría de vivir debido al difícil equilibrio en la lucha para salir a flote y lograr los objetivos de progreso con el ahorro y el “reciclado” de todo. En ese tiempo ese vocablo, que ahora está de moda para oponerlo a todo lo “descartable”, era desconocido. Luego, vendrían otros tiempos en Cosquín pero ya iba quedando atrás el paraíso de los primeros años de mi niñez.




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 30-12-2015

sábado, 3 de diciembre de 2011

250, EL PARAÍSO PERDIDO: TESTIMONIO DE UN MARINERO

Salida del puerto de Palos, obra de Evaristo Domínguez, en el Ayuntamiento de Palos de la Frontera. Colón en su primera expedición partió el 3 de agosto de 1492 desde el puerto de Palos de la Frontera (Huelva),

Recuerdo aquel viernes 3 de agosto de l492 cuando fui al puerto que, con su algarabía diaria, parecía indiferente a la partida de tres naves que se harían famosas. Fui a despedir a mi padre, el traductor y judío converso, Luis de Torres, que conocía las lenguas orientales y las antiguas lenguas hebraicas. Agitamos las manos con mi amigo, el hijo menor de Juan Rodríguez Bermejo, el apodado Rodrigo de Triana, saludando a nuestros padres, hasta que desaparecieron del horizonte los altos palos de los navíos y nuestros corazones se embargaron de sueños. Otros familiares despedían a los demás navegantes.
Las embarcaciones de vela navegaron por seis días con sus tripulaciones variopintas hasta las Islas Canarias. Allí hicieron arreglos en los navíos y esperaron que ventearan los alisios. Partieron rumbo al oeste con los vientos a favor y comenzaron a agonizar en un mar desolado: unos días tan calmos que ni una leve brisa hinchaba las velas y otros, de vientos y tormentas furiosas. Después, sobrevino una borrasca que sobresaltó y espantó hasta a los más veteranos lobos de mar cuando el viento se colaba aullando entre el maderamen de la nave. Luego, llegaron a un mar que parecía una pradera con hierbas en medio de una fúnebre calma chicha. Entonces, surgieron las falsas esperanzas de encontrar tierra y un pánico persistente durante el que se oía el chirrido del palo mayor como si se lamentara, hambriento de viento favorable para alimentar el velamen.
Fueron muchos días para esos hombres en los que anidaba una sospecha: estar a punto de morir por el tormento de no llegar nunca jamás a tierra. El capitán estaba encerrado en la cavidad de su cabina y pocas veces aparecía en la cubierta. Solo les decía mentiras a su marinería que lo miraban con desesperación y enojo creciente. El fantasma del hambre, la sed, la desconfianza y lo desconocido comenzaron a aullar en los vientres de los marineros y sus cerebros se poblaban de brumas con los demonios de la rebelión.
Al cabo de casi dos meses, avistaron algunas aves y ramas que flotaban. El almirante creyó ver una débil fogata en la oscuridad de una noche tan calma y cálida que el sudor le corría por los riachuelos que surcaban su rostro y se le escurrían por todo el cuerpo. Un grito avisó que estaba cerca la tierra y todos se convulsionaron. Al amanecer pisaron una playa de arena casi blanca y tomaron posesión de ella mientras varios pares de ojos los observaban desde la espesa vegetación mientras las aves entonaban sus sones matinales y emitían agudos chillidos.
El recibimiento de estos navegantes fue reverencial, hacía tiempo que los esperaban. En sus mitos los anunciaron y habían llegado con toda la pompa de sus dioses.
Muchos viajes le siguieron a este y cuando me llegó la hora de embarcar para las Indias, estaba ansioso por protagonizar exploraciones y descubrir impensables tesoros y paraísos de ensueño.


Hernán Cortés sostiene un encuentro con el señor tlaxcalteca Xicotencatl. (Lienzo de TlaxcalaUniversity of Texas, Austin)

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Me embarqué con mi antiguo amigo David, hijo del decepcionado Rodríguez Bermejo, y nos hicimos a la mar formando parte de la tripulación de una carabela cuyo nombre se perdió en la historia. En el viaje se sumaron los días y las noches impiadosas. La calma chicha planchaba el “mar tenebroso” y las furias desatadas en las tormentas clavaban el terror en el pecho. Cuando aquella funesta noche cerrada se interrumpió con el zigzag de los relámpagos y el estruendo de los truenos, el vendaval tomó posesión del barco y destrozó el velamen. Las olas se alzaron como montañas mortíferas y la nave fue un fantasma en ruinas.
En el fragor de la tormenta se vio a algunos marineros flotar en las sombras de sus propias angustias hamacados por las olas en el mar bravo. De mi amigo, no supe nada y tampoco de mí… perdí la noción del tiempo y el conocimiento en un largo y sombrío desmayo que nunca sabré cuánto duró. Ahora soy solo una sombra.


"Xolotl [Azteca] En Mitología Azteca y Tolteca , Xolotl es el Dios del Relámpago que Guía a los Muertos en el Mictlan. Los Aztecas lo consideran a él (a Xolotl) como el Hermano Gemelo de Quetzalcoatl. Como Señor de la Estrella de la Tarde y Personificación de VENUS él ayuda al Sol en el Ocaso a través del océano y lo cuida a él durante la noche en su peligroso viaje por el submundo. Xolotl es representado (...) como un Hombre con la Cabeza de un Perro."


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Unos años después, alrededor de una mesa de una taberna en un puerto español, un hombre que solo era un espectro de sí mismo contó la historia de cómo los habían salvado en un naufragio, a su amigo y a él, unos hombres de piel azul y otros, con dos cabezas de perros salvajes. Esta historia y otras semejantes fueron repetidas por varios cronistas en diversas versiones: que eran hombres-serpientes, que no eran azules, que tenían sangre fría, que no eran hombres, pero siempre se dudó acerca de si tenían alma.
Los otros lo miraron y un escalofrío les recorrió el espinazo: comprendieron que ese hombre, un antiguo tripulante de una carabela, había llegado al Nuevo Mundo que había dejado de ser el Paraíso Perdido, sí era aterrador, pero con riquezas increíbles. Muchos se entusiasmaron y sintieron atracción por los desafíos de ese mundo desconocido así que navegaron para encontrarlo: gozarlo y sufrirlo, conquistarlo y colonizarlo como nuevos Adanes que hallarían sumisas Evas para servirlos y amarlos como a Mesías barbados por tanto tiempo esperados.









Marta Alicia Pereyra Buffaz, Morteros, 17-11-11

martes, 17 de febrero de 2009

198. DON ALONSO DE ÁVILA






Muchos años después, Alonso de Ávila, lugarteniente de Don Jerónimo Luis de Cabrera, recordaría para siempre sus aventuras en las tierras de Córdoba de la Nueva Andalucía.

Don Jerónimo ya había fundado Córdoba a orillas del río Suquía el 6 de julio de 1573 en nombre de su majestad Felipe II. A Don Alonso, le había tocado en suerte un solar de 150 metros de largo por 100 metros de ancho. Allí había levantado su vivienda con adobes y un techo provisorio de pajas. El fundador le había confiado la exploración de los territorios que quedaban al oeste de la ciudad recién fundada y se encaminó hacia allá con unos andaluces, Don Lázaro de Maldonado y don Juan de Miranda y Espejo. En sus cabalgaduras fueron por la ribera del río de San Juan, Suquía para los indios comechingones, y subieron hasta las serranías próximas hasta hallar, en un recodo de la corriente de agua, un caserío construido con piedras del lugar con los techos de pajas y barro. Hacia el naciente se extendían terrenos cultivados con vegetales que los conquistadores ya habían visto en otros asentamientos de nativos: zapallo y maíz. El sitio estaba rodeado por el monte serrano con gran variedad de árboles y arbustos cuyo aroma llegaba hasta ellos diferenciándose los espinillos cubiertos por flores amarillas. Entre el ramaje cantaba infinidad de pájaros. El río traía poca agua porque era septiembre y no habían comenzado las lluvias todavía.

Los nativos se escondieron apenas vieron al grupo de españoles en sus cabalgaduras y con sus corazas de metal que relucían como blindajes de insectos gigantescos bajo el sol de la mañana. Los guiaba un indio a quien habían bautizado con el nombre de Diego. El guía se adelantó para hablar con los del poblado que se llamaba Intihuasi y presentar a Don Alonso y su comitiva.

Al cabo de una media hora se les acercó el cacique seguido por los ancianos de la tribu, más atrás vinieron algunos guerreros, mujeres y niños. En esa oportunidad fue que Don Alonso conoció a la india más hermosa que podía imaginar y se enamoró perdidamente de ella y para siempre. Ése fue el comienzo de su desgracia porque la india ya tenía esposo y él, cuando llegó la noche, la siguió y la raptó. Después huyeron hacia los cerros con los indios por detrás, pisándoles los talones. De esa historia se habló muchos años en la primitiva ciudad.

Don Alonso fue castigado por el fundador y enviado a España, la nave naufragó cerca de la costa de Francia adonde él llegó a nado y donde fue puesto en prisión en el castillo de Chautebriand. El carcelero dice que el andaluz ha perdido la razón y habla de una fantasma que se le aparece por las noches. El desquiciado, con los ojos llenos de lágrimas, dice que es una india que se le aparece para demandarlo por su abandono y maltrato en las serranías cordobesas.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 17-02-09

jueves, 18 de diciembre de 2008

180. MI ENCUENTRO CON LA LECTURA



.....Mi encuentro con la lectura está ligado con la política.
.....Allá por 1955 cursaba 1º grado inferior en la escuela provincial “Mariano Fragueiro” en la ciudad de Córdoba donde usábamos el libro de lectura “Alelí” de Editorial Estrada que tenía una cartilla en un papel de menor calidad. En el libro había textos donde se leían loas al entonces Presidente de la República Argentina Juan Domingo Perón y a la primera dama Eva Duarte de Perón. Seguramente que, por exigencia gubernamental, se agregaron esas páginas sin guardar coherencia con el resto; pues recuerdo mi estupor cuando contemplaba el libro y sus ilustraciones mostrando escenas de familias muy acomodadas, con niños que poseían juguetes insólitos para mí, porque mi posesión más preciada era una muñeca de goma que se renovaba, anualmente, los Días de Reyes.
.....Con el tiempo, deduje cuán importantes son las imágenes para un niño pues yo trataba de imaginarme como integrante del mundo que mostraban esas figuras asépticas y me resultaba un universo sin ningún asidero en la realidad que conocía por mi experiencia, por lo tanto detectaba un extrañamiento que no sentí más adelante en mi atracción por la imagen, especialmente, del arte.
.....Usamos la cartilla bastante poco y el libro hasta el mes de septiembre, precisamente el 16 de septiembre de 1955 que iba a quedar grabado en mi memoria para siempre porque los niños tuvimos que abandonar la escuela muy rápidamente azuzados por las maestras que nos advertían sobre amenazas de posibles bombardeos a la plaza Lavalle del barrio “San Vicente” situada al frente de la escuela.

.....Había estallado la autotitulada “Revolución Libertadora” que derrocó al Presidente y había comenzado, precisamente, en Córdoba.
.....Por supuesto, comprobamos que el transporte colectivo de pasajeros había desaparecido de la ciudad y tuvimos que volver caminando a nuestros hogares con otras compañeras; creo que el miedo fue el gran impulsor de mis piernas y de la orientación de mi pequeña persona que contaba con 6 años.
.....Guardo entre mis más terribles recuerdos, los de aquella revolución porque duró varios días (del 16 al 21 de septiembre de 1955) más sus horrendas noches con inminencias de bombardeos y las marchas militares en la radio. Mientras tanto en el estómago teníamos un nudo que se ajustaba con más fuerza cuando los aviones sobrevolaban la casa, les mirábamos sus grandes vientres de metal y las hélices que giraban rugiendo como fieras. El hambre lo habíamos perdido bajo ese nudo de angustia y dramatismo lo mismo que las conversaciones.
.....Todos los excesos gubernamentales anteriores cambiaron por otros excesos –como siempre ocurrió en este país- y el uso de mi primer libro de lectura quedó marginado de la escuela. Sólo pude usar la cartilla, a la que los años le robaron su cubierta, y allí aprendí a leer con el agregado de copias ilegibles confeccionadas en mimeógrafo por la maestra con extensos vocabularios para memorizar. En otras escuelas, hubo actos de secuestro y quema de aquellos libros que adoctrinaban a los niños con alabanzas a Perón. Esos mismos libros son buscados, en la actualidad, por coleccionistas de elementos de aquel gobierno caracterizado por el autoritarismo y se pagan pequeñas fortunas por ellos. Mi querido primer libro de lectura permanece entre mis otros muchos libros y ha realizado excursiones para testimoniar los hechos de aquellos días a clases de Historia Argentina o charlas sobre ese tema.
.....Luego, seguí leyendo y leyendo hasta el día de hoy. En mi niñez, las revistas infantiles de la época, como “Mundo Infantil” y “Billiken”. De ellas recuerdo “La vendedora de fósforos”, un conmovedor cuento de Hans Christian Andersen.
.....También leía y me asomaba al mundo que presentaban los libros de lectura, obligatorios en cada grado, y los libros de cuentos heredados de mis primas.
.....Mi papá se hacía rogar un millón de veces para contarnos alguna vez el cuento “Rompelimpón”; después pude averiguar que fue recopilado por los hermanos Grimm y, también, titulado “El Enano Saltarín” o “Rumpelstilzchen”. Mi mamá nos nutría con anécdotas familiares que yo escuchaba sin pestañear.
.....En aquellos años el consumismo no existía y la norma era la escasez de todos los elementos, especialmente el dinero.
.....La insuficiencia de libros no la sentí nunca pues en mi casa había pilas de revistas “Leoplán”, que había adquirido mi papá en su juventud, así como “Selecciones del Reader’s Digest” y “Hobby” ya que tenía la pasión por la filatelia. De estas revistas de las décadas de 1930 y 1940 continuó la colección de las Selecciones. También tuvo otra colección, pero no recuerdo el nombre, con el tiempo se la regaló a un tío. Con mis hermanos nos pasábamos largas horas manipulando, apilando y jugando con esas revistas. Las hojeábamos y más adelante, las fui leyendo durante mi niñez y preadolescencia, especialmente, “Leoplán”, del que guardo queridos recuerdos pues traía hermosas novelas como “El conde de Montecristi”, “El jorobado de Notre Dame” o “El fantasma de la Ópera” que me hacían soñar y emocionar. ¡Qué pérdida fue la de aquellas añoradas revistas Leoplán que perecieron en el oleaje del Tiempo!
.....Rememoro que me regalaron una colección de minilibros dentro de una cajita, de los que rescato del tiempo “El Congreso de los Ratones”. Poseí algunos cuentos como “El soldadito de plomo” (tal vez era para mis hermanos), adaptaciones de cuentos de Horacio Quiroga, la “Leyenda de la Yerba Mate”, “Alí Babá y los 40 ladrones” y otros cuyos nombres no recuerdo.
.....
.....Cuando nos mudamos a Cosquín, ya tuve más dominio de la lectura. Esperaba la llegada del Billiken y, además, comencé a devorar historietas que se editaban en México con los personajes de Disney y otros como Superman, Marvila (la mujer Maravilla), la ingenua Periquita, el inolvidable Flash Gordon, la romántica Susy, las biografías que traían Vidas Ilustres y Vidas Ejemplares y muchas más. Luego de leerlas, las intercambiábamos son los chicos del barrio, esto originó el desarrollo de un importante tráfico revisteril. Con el paso del tiempo, esas lecturas y canjes mutaron en las más adecuadas a la adolescencia (todos los chicos crecíamos al mismo tiempo por suerte) como Dartagnan, Intervalo y El Tony donde podíamos leer novelas o películas adaptadas al formato de la historieta.
.....En esa época fueron apareciendo algunas fotonovelas, revistas para mujeres que tenían o compraban mi mamá o tías como Chabela o Damas y Damitas. También caí bajo el influjo de las novelitas rosas y la best seller del momento: Corín Tellado. Tampoco desprecié las novelitas del “far west” ni policiales de bolsillo.
.....Mi papá nos compró Enciclopedias y libros de Arte, pues yo hacía conocer mis inclinaciones por el dibujo y la pintura.

.....Con el tiempo, fui adquiriendo y leyendo otros libros, además de los que usaba en el colegio.
.....Cuando terminé mi magisterio, pensé que lo más conveniente era seguir estudiando el Profesorado de Lengua en la Universidad para poder leer más y comprender mejor lo que leía. Ahora le agregué la escritura.
.....¿No aconsejan que se debe elegir una profesión de acuerdo a la vocación? Yo la elegí para seguir haciendo lo que siempre hice: leer, escribir, enseñar y aprender.









Marta Alicia Pereyra
Morteros, 20-09-08
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