BIENVENIDOS A "LIBELULARIAS" CON LOS TEXTOS LITERARIOS DE MARTA ALICIA PEREYRA BUFFAZ.

Iniciado el sábado 4 de octubre de 2008 en la ciudad de Morteros, provincia de Córdoba, República Argentina y aquí continúo.

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martes, 18 de noviembre de 2008

116. HAIKUS OTOÑALES



En este otoño
una hoja temblorosa
muriendo está.
***


La pincelada,
amarilla y húmeda,
baila en el aire.
***

¿Qué bailarina
gira en un solo pie
tan agitada?
***


Muy quebradiza,
desnuda y abanderada
del árbol gris.
***


¿Aquel lapacho
tiene flores rosadas?
¡Se equivocó!
***


La tenue lluvia
desgrana sus gotitas
sobre los campos.
***


Leve llovizna
humedece cabellos
de los que pasan.
***


El cielo tierno
entre el sauce aún verde
se estremeció.
***


Marta Alicia Pereyra
Morteros, 26-06-04

lunes, 17 de noviembre de 2008

115. ¡VUELVE, QUERIDO PAPÁ!





¡Vuelve, querido papá!
Toma mi mano pequeña
y yo me pongo a jugar
caminando en la vereda.

Abro los ojos y veo
tu figura diferente,
un toldo de árboles pasa
por el cielo indiferente.

La Luna ya se desliza
y juega a las escondidas
con unas nubes de tiza.
¡Cómo te burlas bandida!

Nos persigue desde el cielo,
nos regala compañía,
se esconde y yo le hago un guiño.
Papá, de la mano, me guía.

Doy un saltito en las baldosas,
me apuro para seguir
y espío a mi seguidora.
Si la olvido, se podrá ir.

Sigo el paso muy ligero
del paternal caminar.
Llegamos pronto a la casa,
a la vida familiar.

¡Vuelve, querido papá!
¡Toma mi mano crecida
y ayudame a continuar
el camino de esta vida!




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 20-06-04

domingo, 16 de noviembre de 2008

114. VIDEOCLIP


Entre la niebla vaporosa,
ondulan sedosos mantos
grises y blancos, rosados y lilas,
encubridores y envolventes,
zigzagueantes y danzarines.

Fríos tules de enrejados ásperos
flotan volátiles, vacilantes, agitados
por el iracundo viento mañanero.

Siluetas vegetales,
en el fondo del paisaje, trazas verticales
oscuras, húmedas, estáticas,
esfumadas, solemnes.

El follaje se envuelve en las cofias de las nubes,
pero escapan mechones de verdor perenne.
En el suelo húmedo, la velluda cebadilla
y la vivacidad del musgo.

Más cerca o más lejos, un piano de cola,
fantasmal instrumento,
emerge y suena cadencioso, venturoso.

Del pianista atlético, movedizo,
histriónico personaje, dibujo humano del bosque,
brotan manos con dedos infinitos
que aprietan teclas marfileñas azabaches
y dibujan arabescos por el aire.

Las notas suben y trenzan melodías
entre las ramas del pinar.
Se enrulan en los tules,
flotan y resbalan por los mantos,
atraviesan la neblina
y se desgranan por la hierba.



Marta Alicia Pereyra

Morteros, 25-05-04

viernes, 14 de noviembre de 2008

113. LA FUENTE DE LECHE

"La fuente de leche" de Salvador Dalí.



En el páramo del mundo,
el hombre.
En el hombre,
el llamado seminal de su pulso.
En su pulso,
un pedestal.
En el pedestal,
una mujer.
En la mujer,
unos senos.
En los senos,
la fuente de leche.
La fuente de leche
en un mito.
Ese mito fecundo
en el paraíso.
El paraíso en el más allá,
debajo de un arco de nubes
donde el sol se encadena a la vida.
La leve vida perdurará
ciega, sorda y muda
aferrada al instinto del amor.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 29-11-05

112. LA TENTACIÓN DE SAN ANTONIO

" La tentación de San Antonio" de Salvador Dali.


En la soledad de la ermita,
exorcizo demonios.
Me amarro a la cruz,
pero desfilan con marionetas gigantes
todas las tentaciones:
las vanidades del mundo
se multiplican en el destierro de mi vida.

Yo me aferro a la vida
pensando en la muerte
y me desnudo de deseos.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 29-11-05

111. LEPIDÓPTERO



Cuando el abanico mariposa tiembla
como sus pestañas en mi memoria,
un mapa de colores se entrecierra.

Te posas en la corola de nieve
para libar la alquimia de la vida,
bello lepidóptero de la lejanía,
y comienzas tu ritual en la aljaba
que inclina un racimo de rumores
en la sombra blanca del silencio.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 09-10-05

110. PRINCESA DE MIRADA GRIS




Princesa de mirada gris,
¿puedes decir atchís?


Princesita de labios carmesí
te comes una pastilla de anís.

Tus ojos miran más allá
y el príncipe se desmayará.

La niebla te teje un turbante
y te hace más elegante.

Tu cuello de mágico cisne
no es cuento ni chisme.

Sé que te escapas de tu retrato
para pasar un buen rato.

Bailas con los poetas
y te haces la coqueta.

Luego, agitas las plumas
y nunca te duermes a la una.

¿Estás triste o tienes frío?
Para que te consuele, llamaré a mi tío.

Tu mirada azul y gris
da vueltas por la red hasta París.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 26-09-05

jueves, 13 de noviembre de 2008

109. VERSOS OCRES




Lámparas de miel y oro arden.
Iluminan el camino
que se esconde en la madurez de la niebla.
Las camelias son de porcelana
y se desgarran bajo el ámbar del sol.
El cielo conmovido lagrimea
sobre trémulos lirios.
Las hojas vagabundean y murmuran
abandonadas por un viento desmemoriado.
El aroma de las últimas rosas se desmaya,
se cae sobre el encaje con perlas húmedas
que tejió una araña con fatalidad textil.
Algunos verdes perennes se salvan;
otros, naufragan en la piel del otoño.
En el campo, los alambrados
dibujan pentagramas
para que los pájaros friolentos
entonen canciones que dicen de memoria.

Esta noche, cuando la luna sea una paloma
empalidecerá y anidará cansada de huir
en la cabellera dormida de la noche.
A la vera del sendero, plateará, impiadosa,
las hogueras vegetales
que verterán las estrellas de ceniza
si, tal vez, les quedan en alguna rama.

Yo me confundiré con los grillos
y canturrearé algunos versos ocres
bajo tu mirada frutal de terciopelo.




1º PREMIO DEL GÉNERO POESÍA RECIBIDO EN EL XIII CONCURSO LITERARIO "HÉCTOR ROLOTTI" ORGANIZADO POR LA MUNICIPALIDAD DE LA LOCALIDAD DE ALICIA, PROVINCIA DE CÓRDOBA, REP. ARGENTINA, EL 9 DE OCTUBRE DE 2005.


Marta Alicia Pereyra Buffaz
Morteros, 09-10-05

108. LAS SIESTAS DEL NIÑO ROBERTITO PONCE




El niño de los ojos de colores
trae sueños de siestas mal dormidas,
hemisferios de juguetes
miguitas de cuentos y una canción.
Vive en una isla
dibujada en el azul urbano,
va a la escuela embanderada,
monta su bicicleta
y llega con su buzo abrigado.
Descarga sus cuadernos
y empezamos otra vez
a preparar el desfile:
un batallón de letras
y un escuadrón de números.
¡Oh! Por allí se escapan a la selva
y naufragan entre los guacamayos.
Él sonríe y se le escurre una zeta...
¡Sí, le falta un diente!




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 08-06-05

107. LIBÉLULA Y YO




La otra, Libélula, es quien sobrevuela por la intangible red virtual de la Internet y escribe aquí y allá.
Yo camino por mi casa, mi patio y mi jardín, recorro la ciudad y visito los comercios para adquirir lo necesario; de Libélula me entero por los e-mails que llegan y la veo colaborando en grupos y portales literarios pues su nombre aparece en las nóminas como participante o administradora. Me gustan los niños y los jóvenes, ellos me mantienen actualizada cuando les doy clases o talleres, amo las letras, la pintura y, por supuesto, el mate. La otra, creo que comparte mis preferencias, pero es presuntuosa, se cree única y grácil con sus cuatro alas de ilusión, pide que la dibujen y la hacen más bella que un sueño. Vivo el calor del verano y el frío del invierno entre mis libros o entre los enseres de la cocina. Leo debajo de las acacias o del clarín de guerra con un coro de cigarras que no hacen intervalos.

Estoy convencida de que ha publicado algunos textos con cierta repercusión entre sus lectores, pero no son míos sino que están allí, atrapados como pescados entretejidos en la red virtual. Yo no quiero pasar desapercibida, por eso me esforcé para obtener algunos galardones regionales con mis poemas y ella se aprovecha de estos logros para que la perciban más real, pero sólo es un insecto literario e histriónico que va y viene sobre las aguas virtuales de la Internet.
Quise librarme de ella, pero algo de ternura me inspira, aunque me queda la opción más cruel: no encender más la computadora y ella desaparecerá con sus cuatro alitas abiertas como un librito donde pueden leer sus amigos, enemigos y colegas, que la llaman “Libe”·, sólo para abreviar un nombre tan largo y, para colmo, esdrújulo. Mi vida lograría ser como las de los demás mortales, con horario convenientes: dormiría por las noches y sólo permanecería despierta durante el día…

Creo que estas dos dimensiones me están enloqueciendo: ¡No sé quién escribió todo esto!



Monólogo que recrea "Borges y yo" de Jorge Luis Borges

Marta Alicia Pereyra
Morteros, 09-01-05

sábado, 8 de noviembre de 2008

106. A LA VENDEDORA DE FLORES de Diego Rivera (1886-1957)





Mujer eterna,
azteca, morena,
en tus trenzas negras
zigzaguean cintas violáceas.
El triángulo de tu pañoleta
abriga tus hombros
y tus piecitos oscuros
se curvan en semicírculo
bajo el cántaro
de tus glúteos de arcilla
Tu falda oscura, austera,
abriga tus piernas.

Tus manos, que saben de niños,
acunan el ramo gigante de calas
y sus tallos verdes esponjan ilusiones
sobre el fondo anochecido de los pueblos.




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 12-09-06

105. MI VIDA


Suenan las teclas del piano
de la vida,

las maracas son las calaveras

de la orquesta.

Los mitos sonríen al arco iris,

la fantasía cose soles y sonrisas

con hileras de dientes y colmillos.



Mi corazón cuelga ansioso

en el nicho de gruñidos

y me caigo en un mar de olvidos

y caprichos.


Nueva versión del poema que está publicado en el Nº 66 de este blog, en éste he dispuesto los versos de otra manera en el espacio para lograr un efecto vanguardista.


Marta Alicia Pereyra
Morteros, 05-06-05

viernes, 7 de noviembre de 2008

104. CARICIAS







 Ofelia de John William Waterhouse (1849-1917). Sus comienzos como pintor estuvieron influidos por el neoclasicismo victoriano. En la fase siguiente es un pintor prerrafaelita. Más tarde estuvo atraído por el planairismo de los impresionistas franceses. Si al principio de su carrera se dedicó a temas de la antigüedad clásica, más adelante abordó los literarios, siempre con un estilo suave y misterioso, imbuido de romanticismo, que permiten encuadrarlo dentro del simbolismo. 












caricia tras caricia
melodía tras melodía
milagro sublime









mágico






avaro


con palabras de viento
en ríos secos
contra cenizas nostálgicas
apocalípticas
inciertas
rotas
desde ventanas
de sangre transparente





Poema realizado en el Taller de Poesía del Café Literario de Tormenta y Ximena.

Marta Alicia Pereyra
Morteros, 19-09-06


103. MILAGRO


"Monna Vanna" de Dante Gabriel Rosetti  (1866 – Tate Galleri London). Nació en Londres el 12 de mayo de 1828 y murió en Birchington-on-Sea, Kent, el 10 de abril de 1882. Fue un poeta, ilustrador, pintor y traductor inglés.






milagro avaro

.......................caricia de viento


....................................................río incierto

bajo palabra nostálgica
aparecen cenizas
con sangre transparente
son melodías rotas
desde apocalíptica ventana

sublime


.................mágica




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 17-09-06

102. LA GATA VIRULATA






Al anochecer, la Luna estaba desmayada en el horizonte: había perdido las ganas de pasear por el cielo. Menos mal que el gato Fabricio ya había despertado a las 20 en punto, como siempre. Abrió sus ojitos verdes, peinó y peinó su pelaje, espantó algunas pulgas que lo volvían loco y cenó sus trocitos de pescado. Arqueó el lomo, estiró sus patitas y salió a recorrer el vecindario para inspeccionar todos los rincones en busca de lauchas y lauchones.
Desde una chimenea descubrió algo que lo dejó turulato por un rato: una felina de una vecina. El corazón del gato Fabricio empezó a palpitar como un tambor. Dio cuatro saltos y llegó hasta el tapial. Era la gata Virulata.
Le presumió un rato yendo y viniendo hasta que le dijo:
—Yo soy Fabricio. Te invito a comer una rica ratomburguesa en el tejado de al lado.
Ella ni le dio la hora y se quedó más muda que una oruga.
En eso, la Luna volvió en sí y comenzó su recorrido. Fue en ese preciso instante en que un rayo de luz iluminó a Virulata y el gato se dio cuenta de su error: ¡La gata era de lata!
Fabricio perdió el juicio cuando escuchó a la Luna reírse como loca hasta la una. Creo que el pobre gato no salió más de noche, por lo menos cuando también pasea la Luna.


Colorón colorato
¡Ya se durmió el gato!


Marta Alicia Pereyra
Morteros, 04-07-06

jueves, 6 de noviembre de 2008

101. RETRATO DEL CAUTIVO DE BORGES





Aquel cautivo famoso,
ese indio de ojos celestes,
cabellos de gramíneas,
prisionero de su piel de bronce,
tiene la cabeza vencida
por el peso de un recuerdo.
Veo su vida partida
por un cuchillito significativo.
Su pasado es el estallido
de su mañana ignoto.
Su corazón es un aullido
y un salto al rumor del viento.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 24-04-06

miércoles, 5 de noviembre de 2008

100. TARDE DE FRÍO Y SUSPIROS






tus ojos vendimiadores
bajo la lluvia de tu pelo
se adhieren a los míos

mi pecho impreciso
se prolonga hacia el tuyo
tu piel se dora en la mía
y tus brazos
ciñen sortilegios

mis labios coruscantes
se olvidan entre los tuyos

y las abejas lúbricas
derraman miel en mi panal avaro

mientras la tarde se muere de frío
nos ahogamos en otro suspiro







Poema-ejercicio para recrear "Piedra en el horno" del poeta Nicolás Guillén.




GLOSARIO:
coruscar.
(Del lat. coruscare).
1. intr. poét. brillar.



Real Academia Española © Todos los derechos reservados

coruscante. participio activo poético de CORUSCAR. Que corusca. (Que brilla.)



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 29-09-06

99. ACRÓSTICO ZODIACAL






Acuérdate de amar
Ríe que la vida es alegría
Ignora las tristezas
Encuentra la virtud
Siente el rumor del tiempo


Tienes el corazón tenso
Acércate a la mesa
Un día serás feliz
Ríe y deja que venga la música
Otra vez disiparás la niebla


Gimes y sonríes a la noche
En tu ser dual te pierdes
Mientras dialogas con el viento
Ignoras la memoria
No puedes besar la dicha
Irradias ecos de aromas
Sólo piensas en las rosas


Cuando tu corazón se pierde
Amas y añoras la sangre
No encuentras tu lugar en el mundo
Cómo te extraño
Estás entre las briznas de los pastizales
Retornas con las gotas del rocío


Late tu melena de oro
En el espejo del mundo
Oyes el llamado de tu amada


Viniste con tu paso incierto
Incorpóreo destino juvenil
Rodaron los días y las noches
Ganaste detallando instantes
Organizaste vidas, uniste amigos


Larga es tu búsqueda
Idealizas la justicia
Balanceas tus dichas y pesares
Río de leyes y mandatos
Acuerdas con las estrellas


Escondes tu aguijón
Seguro de no mostrar tu veneno
Cuando tu enemigo llega
Oyes sus pisadas
Ríes para tus adentros
Por si acaso él se descuida
Ilusa y tonta es tu presa
Orgulloso lo hieres hasta su muerte


Siempre vas con tu arco y flecha
Acudes con tu raudo paso
Generoso centauro turquesa
Irrumpes en el mundo
Traes del bosque los secretos
A la orilla del cielo
Rumoreas la música lejana
Interrogando con tu mirada
Obedeces a la dualidad de tu piel equina


Cabrita de los cerros
Alargas tu hociquito entre la hierba
Piensas en tus distantes montes
Rumias pensamientos caprinos
Indefensa te apareces
Cuando ves tu alimento
Olfateas los tréboles tiernos
Ríes al sol de la mañana
No te olvidas de paladear la miel
Inventas moneditas de oro
Ocultas tus tesoros y sueñas


Amante de la gente y la vida
Compruebas la causa de la lluvia
Urticantes ideas confrontas
Amigo de las musas
Ríes un poco algunas veces
Ilustras esperanzas en tu mente
Olvidas la realidad en el aire


Pececitos del cielo
Iridiscentes nadan por la vida
Suspirando y esquivando pescadores
Cuidándose de las aves acuáticas
Ilusionas a los pobres
Siempre haces algún favor






Marta Alicia Pereyra
Morteros, 10-09-08

98. PERSECUCIÓN DE PALABRAS




Gruñen mis sueños,
se apiñan junto al cansancio
en almohadones de ilusión
y cosen un arco iris
con tu sonrisa.

La calavera de la noche
muerde las vocales
y las consonantes se escapan
de mi teclado avaro.

El sol se cuelga en la mañana
y mis dedos aprisionan palabras.
Algunas huyen,
se escurren por las grietas del olvido
y se duermen extraviadas
en algún verso opaco o furibundo.

Me quedo vacía de fantasmas
y retorno a perseguir mi día.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 27-05-05

97. ÁNGEL DISTRAÍDO




Me acuerdo. Fue en mi niñez,
en un día muy frío,
cuando hablamos con mamá,
angelito siempre mío.

Algo se dijo también
de tu mirada y tus alas.
Mis años me dejan ver
tu imagen sobre mi cama.

¡Quién sabe por qué perdí
al angelito rosado!
¿Dónde habrá ido su imagen,
cómo se habrá volado?

¿Quién me habrá regalado
este ángel distraído
de mirada tan celeste
y casi decaído?

Sus dos brazos regordetes
apoya sobre la mesa,
con la mano izquierda
sostiene su cabeza.

Bucles le rodean la cara,
sus ojos miran al cielo.
¿Por qué no me mirabas
cuando pedía consuelo?






Marta Alicia Pereyra
Morteros, 07-07-06

martes, 4 de noviembre de 2008

96. SECRETOS DE MI MESITA DE LUZ






Cuadrúpedo vegetal de patas torneadas,
vientre hueco donde anidan mis sueños,
tu elegancia barroca, colonial y oscura
se apoya en la pared y espera.
Sobre tu lomo de madera,
una muñeca carga tu montura de cristal,
cremas, un reloj y agua mineral.
En tu fachada, tus bocas cerradas
han tragado mi pasado.
Tus cajones, alforjas de tu naturaleza animal,
esconden inconfesables chucherías:
un cenicero, dos lentes oscuros, plantillas y hebillas,
vinchas y ungüentos, termómetros y etiquetas,
ácido bórico, angelitos caídos
y una imagen de María.

Prosigo la enumeración pues abro el otro cajón:
un pequeño Pesebre, una colección de medallas,
fotos, una rosa de papel y añejas tarjetas.
Tu alma de centinela es discreta y olvidadiza
de tu hermana melliza que tuvo tu misma nodriza
y alberga más cachivaches:
un antifaz y un tren de cuerda,
moñitos y papeles de añejos regalos
y un sobre con algún informe médico.
¡Sigan a mi lado, mesitas de luz,
guardianas de mis sueños y desvelos!




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 12-05-06

95. EL POZO SE LLENÓ DE CABELLOS




El esposo ara en la chacra santafesina,
el sol dora el cielo, los árboles,
la tierra y el sombrero campesino.
En la casa,
la joven mujer zurce las medias de los hijos.
Las gallinas picotean el suelo del patio,
las palomas arrullan en las acacias
y las loras parlotean en los eucaliptos.
El hijo mayor corretea por los surcos,
las gaviotas persiguen al arado,
el niño pequeño duerme la siesta en su cuna.
La hija, junto a su madre, juega con su muñeca y
ensaya su maternidad futura.
La madre deja su costura y las tijeras sobre la mesa
y corre a ahuyentar unas moscas.
Los veo desde mi azotea.

Corre la niña a sentarse a la sombra,
apoya su espalda en el brocal del pozo,
ha dejado la muñeca y trajo la tijera;
ahora, quiere ensayar peinados,
corta el trigo de su flequillo
y se asoma al espejo del agua.

La pequeña culpable tira los mechones
en la boca del pozo oscuro.
Por la puerta de la cocina se asoma la madre:
—¿Qué haces, hija? ¡Aléjate del pozo!
—¡Mamá, el pozo se llenó de cabellos!—
tiembla la voz infantil.
Luego, sobrevendría el castigo.





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 30-04-06

lunes, 3 de noviembre de 2008

94. EL EXTRAÑO CASO DEL SOMBRERO PUNTIAGUDO









Aquel viernes, a la salida de la clase de teatro, continuábamos entusiasmados con las improvisaciones y, entre saludo y saludo, Lucrecio, un aprendiz de mago, nos invitó a su casa a tomar un café.
Mientras nos dirigíamos a nuestras bicis, eché una ojeada a la tarde que estaba tendida en el cielo. Montamos nuestros vehículos y nos lanzamos en pos del mago que nos guió a su residencia.
Cuando llegamos, me llamó la atención un pozo que bostezaba en el jardín, me pareció recién cavado porque, junto a él, yacía un limonero y una pala abandonada. Entramos en la casa bromeando y riendo y le pedimos al dueño que nos detallara sus actuaciones. Mientras nos narraba sus anécdotas, se iba poniendo un poco nervioso hasta que nos pidió que no le contáramos a nadie lo que nos iba a mostrar. Se fue de la habitación y volvió trayendo una caja con una tapa de doble cerradura y nos dijo:
—Encontré este baúl en mi jardín cuando cavaba un pozo...
—¡Ya sé! Vi el pozo boquiabierto cuando entraba y, junto a él, un limonero y una pala —lo interrumpí siguiendo mi casi habitual mala costumbre.
—¿Lo viste? —preguntó con los ojos muy abiertos y añadió— Mientras cavaba, sentí que la pala golpeaba contra algo duro y resultó ser este baúl de madera reforzada con chapas de hierro. No tuve tiempo de abrirlo porque se me hacía tarde para ir a la clase de teatro. Así que ahora, ustedes me ayudarán a abrirlo para ver qué contiene... si logramos destrabar esta cerradura.
Se acercó Matías, que trabajaba en una cerrajería, pero como no pudo hacer nada, anunció:
—Me voy hasta el taller y traeré herramientas apropiadas.
Luego, oímos cuando arrancaba el motor de su moto y comenté impaciente:
—Yo no aguanto la curiosidad. Me voy a buscar la pala que vi al llegar.
Con golpes de pala, con una palanca y un martillo que trajo el anfitrión, logramos abrir el viejo baúl.
—¡¿Qué hay adentro?! —exclamaron Natalia y Patricia.
Nos agachamos mientras la luz de la lámpara pestañeó por una baja del voltaje del fluido eléctrico y descubrimos algunos elementos que contenía la misteriosa caja.
Natalia sacó un vestido blanco amarillento con una mancha oscura en el delantero; parecía un antiguo vestido de novia. Patricia se acercó y extrajo un par de zapatos rojos con tacones y se entretuvo observándolos. Yo encontré un anticuado sombrero negro de copa puntiaguda que me atrajo porque siento debilidad por ellos.
Lucrecio se fue a preparar el café, mientras nosotras nos imaginábamos personajes para esos atuendos que nos probamos frente a un vetusto espejo biselado. ¡Es tan placentero lucir prendas y desfilar con amigas delante de un espejo! Natalia envolvió su cuerpo con el traje de novia y fue entonces cuando emitió un terrible grito, un largo lamento, y la vi caer al piso. Mientras tanto, Patricia se había calzado los zapatos rojos y se lanzó a correr con ellos por toda la habitación. Al mismo tiempo, yo me colocaba el antiguo sombrero sobre mi cabeza y comencé a apreciar que mi cuerpo ardía de calor, bajé mi ojos y me contemplé en lo alto de una hoguera de leña en las que danzaban unas llamaradas de fuego rojas y amarillas. Yo estaba, para mi desventura, atada a un poste. Miré hacia ambos lados y vi una multitud enardecida de furia que gritaba amenazante con los puños levantados:
—¡Muere, bruja maldita!
—¡Ve a hacerle compañía al demonio!
Divisé en primera fila a una mujer que lloraba, se tiraba de los cabellos y gritaba:
—¡Por tus hechizos, mi hija se suicidó el día de su boda! ¡Su prometido se fue con ese gitana de zapatos rojos que le envenenó el corazón!
—¡Paga tus culpas! ¡Muere en la hoguera, bruja malvada!
Comencé a entender lo que me sucedía mientras las llamas me cercaban y fue tal mi desesperación que grité y grité pidiendo auxilio. Hice tanta fuerza para desatarme y librarme del ardor de las llamas y del humo que me asfixiaba, que se me salió el sombrero que voló por los aires y comencé a caer de esa terrible pira donde me querían quemar viva.
En ese mismo instante, mientras iba cayendo, la fogata desapareció y me hallé, nuevamente, en la sala de Lucrecio, pero yacía tirada en el piso. Me sentía desorientada y sofocada cuando apareció Matías, quien había vuelto de la cerrajería donde trabajaba, con una ganzúa para abrir el funesto baúl. Nos preguntó estupefacto, qué había sido del contenido de una botella de ginebra, que aparecía entre los objetos variados y desordenados que estaban sobre la mesa, ya que le quedaba sólo un pequeño resto de bebida; nos ayudó a incorporarnos del piso y nos acusó de estar alcoholizadas.
Simultáneamente, Lucrecio llegaba desde la cocina con el café y se quedó boquiabierto al observar el desorden reinante.
Natalia continuaba angustiada y murmuraba incoherencias acerca de una boda, una gitana y su suicidio. Patricia susurraba atemorizada que estaba huyendo de unos extraños individuos que la perseguían con palos y horquillas; cada dos minutos, todavía se sigue dando vuelta para comprobar si vienen detrás de ella. Yo sigo amedrentada y siento pavor por la muerte que me incrustó sus garras.
Dirigí mis ojos a la ventana de la sala y contemplé la cara de la Luna asomándose entre los brazos de los árboles y parpadeando a la noche mientras pensaba: “No volveré a las clases de teatro”
Para colmo, nadie me cree, ni siquiera cuando les muestro una ampolla por una quemadura de segundo grado que me quedó en mi tobillo derecho.



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 17-04-06

domingo, 2 de noviembre de 2008

93. ENSALADA DE PERSONAJES: BLANCANIEVES Y CAPERUCITA EN EL BOSQUE








I

PRESENTADOR.— (Se oyen cantos y silbidos de pájaros.) Blancanieves iba por el bosque muy concentrada en el canto de los pajaritos observando la naturaleza. Por otro camino, venía Caperucita mirando las plantas y juntando flores. Nuestras dos niñas distraídas se tropezaron en un camino.
BLANCANIEVES.— ¡Ay! Perdón... ¡Me parece que te conozco de algún lado!
CAPERUCITA.— ¡Blancanieve! ¿Qué hacés metida en mi bosque?
BLANCANIEVES.— ¡Caperucita! ¿Qué hacés acá, en mi cuento?
CAPERUCITA.— ¡Nuestras vidas se convirtieron en una verdadera ensalada! Acá estoy, como siempre, juntando flores para llevarle a mi abuelita que vive cerca de este lugar.
BLANCANIEVES.— Yo venía escuchando el canto de los pajaritos y tomando un poco de aire fresco. ¡Estoy cansada de estar encerrada!
CAPERUCITA.— Yo voy a ver a mi abuelita porque no anda bien de salud. ¡Siempre tengo que pasar por este bosque tan peligroso!
BLANCANIEVES.— Sí, este bosque es terrorífico. ¡A mí ya me está asustando! Vení, vamos juntas para que se nos pase el miedo. (Se van charlando.)



II


PRESENTADOR.— Entretanto, había otros personajes muy, pero muy malignos en el bosque. ¿No adivinan quiénes eran? ¡Me da miedo con sólo imaginarlos!
BRUJA.— (Se escuchan aullidos del Lobo.) ¡Tengo que eliminar de la faz de la Tierra a esa mocosa de Blancanieve! (Aúlla el Lobo.) ¿Y esos dulces aullidos? ¡Les apuesto $20 a que ése que aúlla es mi amigo, el Lobo Feroz! (Sigue aullando.) ¡Oh! ¡Este Lobo es tan tímido que tarda mucho en aparecer!
(Aparece el Lobo) Lobo, ¿te confundiste de cuento o perdiste la memoria?... Mmm… ¡Me parece que andás perdido!
LOBO.— (Intenta atacar a la Bruja.) ¡Grrrrrrrrrr!
BRUJA.— (Le lanza un hechizo al Lobo) ¡Sapos, culebras y ranas! ¡Obedecéme o te convierto en una manzana!
LOBO.— (Se amansa y aúlla suavecito.) Auuuuuu…
BRUJA.— ¡Vení a esconderte conmigo, lobito querido! ¡Dale, vení para acá! ¡Vamos a preparar un plan para deshacernos de esas dos: Blancanieve y Caperucita! (Se van.)

III

PRESENTADOR.— Mientras tanto, nuestras queridas niñas están contándose sus cosas mientras van hacia la casa de la famosa abuelita.
BLANCANIEVES.— Caperucita, ¿cuál es tu color preferido?
CAPERUCITA.— ¿No lo adivinás?... ¡Mi color preferido es el…!
BLANCANIEVES.— ¡El rojo!... ¡Qué tonta, recién me doy cuenta!
CAPERUCITA.— ¡Se ve que no sos muy observadora! ¿No ves el color de toda mi ropa?
BLANCANIEVES.— ¡Ay! Caperucita, tengo que confesarte mis problemas…
CAPERUCITA.— ¿Qué te pasa, Blancanieve? ¡Todos tenemos problemas!
BLANCANIEVES.— Te cuento: mi madrastra me mandó con un leñador para que me asesinara en el bosque. Él se compadeció de mí y me dejó libre, pero quedé abandonada y solita. Yo quise refugiarme y lo único que encontré fue una casita chiquitita con unos enanitos y allí estoy viviendo.
CAPERUCITA.— ¡¿Enanitos?!
BLANCANIEVES.— ¡Sí! ¡Siempre estoy hambrienta! ¡No te imaginás lo que es comer en unos platitos chiquitos con cubiertos chiquitos…! ¡Toda la casa y los muebles están hechos de acuerdo al tamaño de los enanitos! Me siento encerrada, me falta el aire. ¡Mi vida es muy incómoda!
CAPERUCITA.— ¡No te quejes tanto, Blancanieve! ¿Vos creés que para mí todo es fácil?
BLANCANIEVES.— ¡Vos te la pasás yendo a la casa de tu abuelita! ¡Yo quisiera tener una abuelita! ¡Te envidio, Caperucita! ¡Mi madrastra me odia!
CAPERUCITA.— ¡Ya estoy cansada de llevarle la comida a mi abuelita todos los días! Para colmo, tengo que ir caminando y queda lejos de mi casa. Por eso cruzo por el bosque, para acortar camino; pero, a veces, tengo miedo y me distraigo cortando flores. ¡Mi mamá no se da cuenta de que soy chica para ir sola tan lejos!
BLANCANIEVES.— (Aúlla el lobo.) Caperucita, ¿Oíste eso?... ¿También te trajiste al lobo a mi bosque?
CAPERUCITA.— ¡No sé! ¿Me habrá seguido? (Las niñas se van charlando.)


IV

PRESENTADOR.— Hoy, este bosque está bastante concurrido porque ya se acercan los malvados tramando algo que, seguramente, no será nada bueno.
BRUJA.— (Aparte, al público) ¡Ya tengo el plan perfecto para eliminar a esas dos! Vos, Lobo, te venís conmigo y te hacés el perro. (El Lobo aúlla suavemente.). ¡Allá vienen esas mosquitas muertas. (Llegan Blancanieve y Caperucita.)
(A las niñas.) ¡Qué niñas tan lindas! ¿Qué hacen por aquí? ¿Cómo se llaman?
BLANCANIEVES.— Blancanieve. ¿Usted es una vendedora ambulante?
CAPERUCITA.— Yo soy Caperucita. ¿Tiene algo para vendernos? ¡Estamos con hambre! ¡Qué perro tan feo que tiene, señora! (El Lobo se hace el perro cariñoso)
BRUJA.— Sí, es un pobre perrito callejero que me siguió. ¡Vendo manzanas deliciosas, pero a unas chicas tan simpáticas como ustedes, se las regalo!
BLANCANIEVES Y CAPERUCITA.— ¡Gracias! ¡Qué rica manzana! (Caen las dos desmayadas al suelo, después de morder la manzana.)


V

ENANITOS.— (Entran los enanitos cantado) ¡Jugando a la ronda del esqueleto, el que se mueve es un hueso! (Entra el Leñador.) ¿Quién es usted?
LEÑADOR.— Yo soy el leñador, amigo de Caperucita. ¿Y ustedes quiénes son?
ENANITOS.— Nosotros somos los enanitos, protectores de Blancanieve. ¿Vamos a ver el bosque?
LEÑADOR.— Sí, quiero ver los árboles porque ando buscando un roble para hachar.
(Caminan y se encuentran con Blancanieve tirada en el suelo.)


VI

ENANITOS.— ¡¡Oh!! ¡Blancanieve, Blancanieve! ¿Qué te pasó? ¡Estás desmayada! ¿Estás muerta?...¡¡Miren, una araña!! (Blancanieve se despierta y se levanta asustada.)
BLANCANIEVES.— ¡Ayyy! ¡Yo le tengo miedo a las arañas!
ENANITOS.— ¡Ya pasó! ¿Qué te pasó, Blancanieve? ¿Comiste algo que te hizo mal? LEÑADOR.— (Descubre a Caperucita) ¡¡Caperucita!! ¿Qué tenés? ¿Qué hacías por aquí? (Vienen los enanitos y Blancanieve)
ENANITOS.— ¡Qué niña tan extraña! (Señalan con el dedo)
LEÑADOR.— ¡¡Miren!!… ¡Una víbora! (Caperucita se levanta asustada)
CAPERUCITA.— ¡¿Qué pasa? ¡¿Qué víbora?! ¡Ay, qué miedo!
ENANITOS Y LEÑADOR.— ¿Qué les pasó? ¿Por qué estaban como muertas?
BLANCANIEVES.— Una ancianita nos regaló unas manzanas y las empezamos a comer… Después no sé qué pasó.
CAPERUCITA.— ¡Claro, la anciana era la Bruja de tu cuento, Blancanieves, y ese perro tan feo debe haber sido el Lobo Feroz, que me siguió!
BLANCANIEVES.— ¡La Bruja malvada nos dio unas manzanas envenenadas! ¡Me salvaron mis héroes, los enanitos!
CAPERUCITA.— ¡A mí me volvió a salvar el Leñador! ¿Vamos hacia la casa de mi abuelita a comer rosquitas?
TODOS.— ¡Vamos!
ENANITOS.— ¡¡Luego, se vienen a nuestra casita a tomar una rica sopita!!
TODOS.— ¡Sí! ¡Qué bueno!


VII

BRUJA.— ¡Por tu culpa, Lobo, me falló de nuevo el hechizo! Pero no me doy por vencida. ¡Estoy segura de que en otro cuento donde me pueda meter, le voy a dar la gran lección a esa mocosita! Vos, Lobo, me vas a ayudar. (El Lobo aúlla suavecito.) Ahora, andáte a tu cuento que yo me voy al mío.



Epílogo:

PRESENTADOR.— Nos invitó la bibliotecaria
a los chicos y a la profe del Taller Literario.
Así terminamos esta ensalada
y las historias quedaron mezcladas.



06 y 07-10-05: Creación y dramatización colectiva del Taller Literario de Niños, transcripta, corregida y redactada por la Coordinadora Marta Alicia Pereyra. Fue ensayada y, luego, representada el 14-10-05 en el I.P.E.M. Nº 286, el 21-11-05 en el 1º Encuentro de Intercambio de Experiencias Literararias con todas las Instituciones Educativas realizado en la sede de la Biblioteca “Cultura y Progreso” y el 02-12-05 en el Centro Educativo Alberto In’Aebnit.


Morteros, 12-10-05

92. PORTERAS DE LA ESCUELA





Junto a la entrada, alertas,
dispuestas a ayudar,
las herederas de San Pedro
reparten las llaves,
abren las puertas,
vigilan pasillos,
tocan el timbre
reparten las tizas
y los registros,
hacen mandados
y llevan mensajes.

Conducen escobas,
lampazos, secadores,
plumeros y plumeritos.
Empuñan trapitos y gamuzas.
Disparan aerosoles
con líquidos mágicos.
Sacan las manchas,
acomodan, ordenan y enceran,
baldean patios y veredas,
desinfectan y dan brillo a los pisos.

Con vigor derrotan
a toda la suciedad.
Las manchas huyen
y las telarañas desaparecen.

¡¡Ay!! ¡¡Cuidado!!
A veces, se enojan
si el piso les ensucian
y se empaña el espejo de baldosas
o los vidrios les marcan.

¡¡Muy serviciales,
nos apoyan en todo momento!!



Marta Alicia Pereyra
Morteros, 11-11-04

91. COCINERAS DE LA ESCUELA




Mujeres hacendosas,
hadas sin varitas,
preparan, amorosas, ricos manjares.

Lavan, remojan,
escurren y disuelven,
pelan, descascaran,
cortan y pican,
muelen, rebanan,
pisan y mezclan,
baten, remueven,
licuan y procesan,
desmenuzan, trituran,
amasan y untan,
espolvorean, condimentan
arrollan y cubren.

¡Ya está!
Los ingredientes preparados
vierten en la olla,
la fuente o la sartén.

Ellas, diligentes,
prueban, huelen,
cocinan y hornean,
fríen, rehogan,
hierven y espuman,
cuelan, desgrasan,
saltean y doran
asan, trozan,
desmoldan y sirven.

¡Listo el plato para saborear!
A los chicos y a los grandes
se nos hace agua la boca.
¡¡Mmmm! ¡A relamerse
como un gatito glotón!




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 11-11-04

90. LA MOMIA DE TUTANKAMÓN




¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡La momia!
¡La momia de Tutankamón!
Viene a tomarme las tablas.
¡Las tablas de multiplicar!
¡Sujeto y predicado,
sustantivo, verbo y artículo!
Mi cerebro se cerró.
¡Tengo miedo! ¡Yo no sé!

Quiere que sume y reste,
multiplique y divida;
le recite a Darío;
explique dónde está la cabeza,
el hígado, el corazón y los pies.
¡Mi cerebro colapsó!
¡Tengo miedo! ¡Yo no sé!

Egipcios, griegos y homínidos,
arqueólogos y antropólogos
danzan con aborígenes.
¡Pobre mi cabecita!
¡Ya no piensa! ¡Yo no sé!

César Augusto me corona,
laureles aprietan mis sienes
y yo no puedo despertar.
¿Todo fue un mal sueño?
¡Creo que nunca lo sabré!

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!¡La momia!
¡La momia de Tutankamón!
¿Se fue…?
¡Oh! ¡Ya desapareció!





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 05-03-06

89. MI CIELO




Ejecuto el ritual semanal:
entro, saludo, busco un canasto.
Con prisa leo mi lista
y comienzo el itinerario
por el laberinto comercial.
Charlo con algún conocido,
entrego mis sonrisas aquí y allá
con un "¡Hola! ¿Qué tal?".
Recorro los pasillos
del supermercado barrial.
Reviso entre las góndolas
multitudes de productos.
Llego a la heladera,
busco en los estantes
y encuentro la dupla amorosa:
postrecitos de dulce de leche.
Tomo varios que van al canasto.
Agrego otros comestibles:
yerba mate, queso, fiambre, yogur,
verduras, frutas, leche y galletas.
Paso por la caja,
pago bajo protestas por los precios.
Vuelvo a casa.
El cargamento de mi bicicleta
lo descargo en la cocina y guardo todo.
Alineo los postrecitos en mi heladera.
Allí quedarán esperando
a que llegues hambriento,
como un niño goloso y
los saborees junto a tu esposa.
Así conozco el cielo, hijo:
cuando estás feliz
y te noto confiado.




Marta Alicia Pereyra
Morteros, 25-01-06

88. EL VAMPIRO RAMIRO




Conozco un feo vampiro
al que llaman Ramiro.

En la casa de su hermana
juega y gana a la payana.

Guarda cuarenta monedas
y las pierde en las veredas.

Con los ojitos partidos
se va quedando dormido.

Duerme en la alcancía
si le duele la encía.

Cuando sueña Ramiro,
se le escapa un suspiro.

Ve chupetines de sangre
y diez tajadas de fiambre.

Le brillan los colmillos
y se ilumina el altillo.

¡Qué vampiro tan hambriento!
¡También está sediento!

Creo que se ha resignado
con un tomate colorado.

Ensalada de remolacha
ya le trajo la vizcacha.

Una roja granadina
se bebió con aspirina.

Ahora es vegetariano
este vampiro riojano.


Si de algo más me entero,
se los contaré en febrero.
¡Eso espero!





Marta Alicia Pereyra
Morteros, 08-01-06

sábado, 1 de noviembre de 2008

87. SUTURAS




—Qué suturas, cirujano?
—Suturo heridas del desamor,
tajos del deshonor,
jirones de la piel de la Tierra,
heridas del corazón
y espíritus lastimados.
—Cerrarán esas suturas?
—Alguna vez serán símbolos
y cicatrices del amor.






Marta Alicia Pereyra
Morteros, 02-12-05



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